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Year2011

Vacaciones en Andorra y Cataluña [Vídeo] · 27-30/12/2011

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El martes 27 salí hacia Andorra en coche. Conduje hasta Andorra la Vella casi de tirón desde Haro, parando sólo a tomar algo en un bar. Llegué antes de lo previsto, así que aparqué el coche y fui a la Oficina de Turismo a informarme un poco. Tenía direcciones de un par de tiendas donde vendían la GoPro (una cámara deportiva) y quería ir directo a comprarla. En la Oficina de Turismo me dieron todo tipo de información, fueron realmente amables. Me dijeron que había una calle principal repleta de tiendas y me aconsejaron que no comprara en la primera, ya que los precios eran libres y podría encontrar mucha diferencia. Pregunté en un par de tiendas por la cámara pero en todas estaba agotada. Decían que se estaba vendiendo muy bien y que no sabían cuándo volverían a tener, así que me desmoralicé un poco. Después de un rato viendo tiendas de todo tipo y disfrutando (aunque me esté mal decirlo) de un genial ambiente navideño y consumista, encontré una tienda en la que tenían la cámara. El precio no era el mejor de todos, pero al menos me la podía llevar. No lo pensé dos veces y la compré, junto con una batería adicional, una tarjeta de memoria y un arnés para llevarla en el pecho. Más tarde comí un falafel en un puesto de kebabs en mitad de una plaza antes de coger el coche para conducir hasta Ordino, un pequeño pueblo unos 10 Km al norte, donde había reservado habitación en un hostal.

El hostal era realmente agradable. Había cogido cama en habitación compartida pero dormí solo porque no estaba completo. Y menos mal, porque la habitación para tres personas era muy pequeña, tanto que yo la ocupé completamente con todos mis trastos. Me di una ducha y bajé al salón-recepción a charlar un rato con el director, un sudamericano llamado Abdiel muy majo dispuesto a ayudar en todo lo posible a sus huéspedes. Le enseñé en el mapa la carretera que quería coger al día siguiente para ir a Lérida y me dijo que esa carretera era en realidad una pista de montaña llamada el “camino de los contrabandistas” y que probablemente estuviera intransitable por la nieve, y que además era una forma ilegal de salir de Andorra, por lo que si la Guardia Civil me paraba me echaría para atrás. Así que tras pensarlo mucho, al día siguiente decidí quedarme en Andorra y subir su pico más alto, el Coma Pedrosa.

El miércoles 28 me levanté temprano, desayuné, preparé la mochila y conduje hasta Arinsal (1.600m), un pueblo cercano que da nombre también a la estación de esquí. Desde allí comencé a ascender por un sendero que enseguida estaba repleto de nieve. Continué subiendo y subiendo sin ningún problema ni pérdida hasta el Refugio Coma Pedrosa, aunque con cierta incomodidad en la segunda mitad debido a la calidad de la nieve, ya que en tramos se hundía más de cincuenta centímetros y en tramos estaba totalmente dura. En el refugio descansé un momento y me coloqué la cámara en el pecho para probarla. Desde allí continué siguiendo unas huellas hasta llegar a una ladera bastante vertical por la que tuve que trepar durante largo rato, con una nieve con un punto muy agradable y algunas rocas. Estaba algo desviado de la ruta, pero me pareció entretenido seguir ese camino para luego intentar recuperar el habitual. Fue muy divertido. Más adelante bajé un poco hacia un pequeño valle y recuperé el camino, que subía de nuevo.

Seguí subiendo por nieve blanda hasta que llegué a un pequeño lago helado. Lo rodeé y me topé de frente con otra ladera bastante vertical y de nuevo repleta de roca. El camino habitual la rodeaba por la izquierda, pero decidí coger el atajo y disfrutar de nuevo de la subida. Fue muy sencilla y divertida. Al llegar arriba pude ver que el camino seguía subiendo y subiendo, atravesando varias lomas hasta el Coma Pedrosa (2.946m), cuya cima ya podía ver a lo lejos. Mi preocupación sobre la hora desapareció, ya que aunque era algo tarde calculé que no me llevaría más de dos horas llegar a la cumbre, y serían alrededor de las 12:30. Al rato me tuve que poner los crampones porque estaba ascendiendo por una cresta bastante empinada y había bastante hielo. Llegué a la cima hacia las 14:30. El día era espléndido, nada de nubes y nada de viento.

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Hice unas fotos y comencé a descender por el lado contrario, confiando en que me llevara mucho menos tiempo, ya que había tardado cinco horas en ascender y sólo me quedaban un par de horas de luz. La bajada fue larga y tranquila, por cantidad de nieve blanda. Después de alrededor de una hora retomé la pista por la que había subido y tras una media hora más llegué de nuevo al coche, sobre las cinco, todavía con luz, así que el día salió perfecto. Conduje hasta el hostal, me di una ducha y bajé de nuevo al salón a hablar con Abdiel y preparar el día siguiente. Quería ir a Lérida pero no me atrevía a utilizar la pista de montaña, más que nada por la cantidad de nieve que había caído los días anteriores, no por miedo a la Guardia Civil.

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El jueves 29 me levanté a la ocho y bajé a desayunar a las ocho y media. No podía salir antes porque tenía que dejar las llaves en recepción. Había decidido estar una noche más en el hostal, pero tenía que cambiar de habitación. Así que salí sobre las nueve y media. Quería conducir hasta el Refugio Vallferrera y de ahí subir a la Pica d’Estats (3.143m) y un par de tresmiles más de alrededor. Llegué hasta Àreu muy tarde pero sin contratiempos. Desde allí sale una pista hasta el refugio que marca 12 Km. La pista fue empeorando y llenándose de hielo y nieve poco a poco. En el kilómetro siete tuve que dar marcha atrás porque en una curva muy cerrada y con bastante pendiente el coche comenzó a patinar. El suelo estaba lleno de hielo y seguramente empeoraría más adelante. Había visto un aparcamiento un poco más abajo, así que aparqué el coche allí y comencé a andar hacia el refugio sobre las once menos cuarto.

Después de dos horas andando comencé a pensar que me había equivocado de camino. Había calculado que tardaría alrededor de una hora en llegar al refugio pero no había ni rastro de él. El camino era muy tedioso, con nieve muy blanda por la que era muy difícil caminar sin raquetas. Ya estaba bastante cansado y había perdido toda esperanza de hacer cima porque era muy tarde. Finalmente, sobre la una, encontré una señal que indicaba el refugio. Cuando llegué estaba cerrado y, como el día anterior, no había visto un alma por los alrededores. Como el tiempo acompañaba, decidí comenzar a subir, al menos durante un par de horas más. Continué ascendiendo bastante, disfrutando de un paisaje realmente precioso. Hacia las tres decidí que era tiempo de dar la vuelta, ya que tras consultar el GPS pude comprobar que no había completado ni siquiera el diez por ciento del recorrido. Se veían algunas cimas al fondo sacudidas por el viento, que levantaba la nieve de la superficie.

Me quedaban tres horas de luz y había invertido dos en llegar desde el coche al refugio. Saqué algunas fotos, bajé hasta el refugio, comí algo allí y deshice el camino hasta el coche, esta vez por una pista inferior en lugar de por el sendero marcado, por la que pude caminar algo más cómodo pisando las huellas de algún todoterreno que había pasado por allí. De todas formas llegué al coche ya de noche, sobre las seis. Conduje de vuelta a Andorra y paré de nuevo en Andorra la Vella a disfrutar del ambiente navideño y a mirar más tiendas. Hay muchas tiendas de deporte invernal y los precios son realmente buenos. Comí una sopa en un puesto y volví al hostal, me di una ducha y por la noche bajé a un restaurante supuestamente vegetariano en el que había reservado mesa el día anterior. Aparecía como vegetariano en internet, pero en realidad era un asador cuya especialidad eran las carnes a la brasa. No obstante pude disfrutar de una sopa de ajo, una escalibada y una crema catalana que estaban buenísimas.

El viernes 30 dejé el hostal temprano y conduje dirección Gósol, un pueblo de Barcelona. Estaba un poco frustrado por no haber hecho ninguna cima de provincia. Las condiciones meteorológicas no eran nada buenas en la franja del Pirineo, así que no podía intentar Lérida de nuevo ni Gerona. Pero me había olvidado de Barcelona. Resulta que el Pic de Costa Cabirolera (2.604m) quedaba bastante cerca y al estar más al sur el tiempo parecía acompañar. Mi preocupación de nuevo eran las horas de sol. Salí de Andorra otra vez tarde, sobre las nueve y media, y todavía tenía un par de horas de coche por delante. Antes de llegar a Gósol tenía que desviarme por una pista de montaña y continuar por ella durante unos 5 Km. Cuando llegué a la pista (1.453m) una valla impedía el paso. Tuve que dejar el coche allí y comenzar a caminar, ya con el ánimo bastante bajo porque eran casi las doce.

A los diez minutos consulté el GPS y, para mi sorpresa, había avanzado bastante. Llegué al punto de inicio en menos de una hora y comencé a ascender. No había nada de nieve y lucía el sol, así que empecé a pensar que tal vez sí pudiera hacer cima. Seguí subiendo por pista sin ninguna complicación hasta que llegué a una zona rocosa con un paso hacia un valle que había que bajar para luego subir hacia la cima. Allí el viento era bastante fuerte y muy frío. Sólo había cogido el chubasquero porque por la previsión del tiempo era más probable encontrar lluvia que frío. En ese momento pensé que lo iba a pasar muy mal si a esa altura ya hacía tanto frío. Pero fue sólo ese paso. Al bajar el valle y comenzar de nuevo a ascender aproximándome a la cima el viento cesó un poco.

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Hacia la una y media estaba ya en la falda. Comencé a encontrar una capa de nieve dura por la que era difícil caminar sin crampones. Toda la ladera estaba en sombra. El GPS había funcionado muy bien hasta ese momento, pero de repente empezó a perder señal. Estaba justo debajo de la cima, pero delante mío la pared era bastante vertical y estaba repleta de nieve. Debía desplazarme a la izquierda unos cientos de metros, ladeando la pared, para luego subir hacia la derecha por la cresta hasta la cima, pero no lo veía nada claro. Así que miré para arriba y pensé que no había llegado hasta allí para darme la vuelta. Me puse los crampones y comencé a ascender en línea recta. La pendiente comenzó a pronunciarse pero en ningún momento se veía peligrosa, aunque la nieve estaba bastante dura. Seguí subiendo en línea recta sin contratiempos, disfrutando bastante. A mitad de la falda había muchas más rocas, así que me quité los crampones y continué trepando. Algunos tramos eran bastante verticales, pero en general la trepada era sencilla. Casi al llegar a la cima encontré un bloque de nieve y tuve que ayudarme del piolet para atravesarlo.

Llegué a la cima alrededor de las 14:45. Saqué unas fotos, disfruté del paisaje y del buen tiempo y recuerdo haber pensado que al final el día había salido perfecto. Mi única preocupación era bajar la ladera, ya que con esa nieve podía resultar peligroso. Comencé a descender por la cresta, siguiendo el camino por el que debería haber ascendido. Pensé que tal vez podría bajar el monte por su lado contrario y evitar la zona de nieve, atravesando el valle monte a través para llegar de nuevo a las rocas. Pero cuando iba bajando por un pedregal encontré una vía de bajada que aunque atravesaba la nieve tenía muy buen aspecto. Continué por ahí, bajé toda la ladera y atravesé el valle monte a través hasta recuperar el camino en las rocas. De ahí en adelante fue todo bajada por pista sin una gota de nieve. Un par de horas más tarde llegué hasta el coche, hacia las seis de la tarde, ya casi de noche. Después conduje hasta Haro, donde llegué ya muy tarde.

Más

Vacaciones en Andorra y Cataluña — 27-30/12/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
Coma Pedrosa — Vídeo de la ascensión a Coma Pedrosa en YouTube.
Pic de Costa Cabirolera — Vídeo de la ascensión al Pic de Costa Cabirolera en YouTube.

Referencias

Anem | Hostal Apartamentos — Hostal en Andorra.
Coma Pedrosa (2.946m) — Descripción del Coma Pedrosa en Mendikat.
Coma Pedrosa — Track de referencia para ascender al Coma Pedrosa en Wikiloc.
Pica D’ Estats (3.143m) — Descripción de la Pica d’Estats en Mendikat.
Sotllo (3.072m) — Descripción del Sotllo en Mendikat.
Pic Verdaguer (3.131m) — Descripción del Pic Verdaguer en Mendikat.
Montcalm (3.077m) — Descripción del Montcalm en Mendikat.
Pica d’Estats — Track para ascender a la Pica d’Estats y cercanos en Wikiloc.
Pic de Costa Cabirolera (2.604m) — Descripción del Pic de Costa Cabirolera en Mendikat.
Pica Cabirolera — Track de referencia para ascender al Pic de Costa Cabirolera en Wikiloc.

Vacaciones en Suiza · 12-20/12/2011

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Tras llegar el domingo del puente de Asturias, el lunes 12 por la mañana volví a preparar la mochila y salí para Donosti. Comí con los aitas y por la tarde cogí un autobús hacia el aeropuerto de Bilbao. En Bilbao cogí un avión a Ginebra, donde llegué sin contratiempos sobre las diez de la noche. Suiza es un país muy caro, pero tiene algunas ventajas. En el aeropuerto hay una máquina que expende tickets para el transporte público válidos por ochenta minutos, así que resulta gratis trasladarse. Cogí uno de esos tickets y fui en tren hasta la estación central, en el corazón de la ciudad. El hostel estaba prácticamente al lado y tenía todo tipo de comodidades. De hecho, es el mejor hostel en el que he estado. Y no era caro, 32 francos suizos que al cambio son unos 27€. Además, incluía una tarjeta para usar el transporte público libremente y sin restricciones durante la estancia. La habitación, de dos literas, estaba ocupada por un chaval asiático que me recordó mucho al Hiro de la serie Héroes. No hablaba prácticamente inglés y era muy callado, así que no hablamos mucho. Tras acomodarme, salí un rato a dar un paseo por los alrededores. Hacía frío, pero no tanto como me esperaba.

Más tarde me di una ducha, y mientras estaba organizando la mochila llegó a la habitación otra pareja. Les oí hablar en español, así que comencé a hablar con ellos. Era una pareja de estudiantes de música, Sofía y Ricardo, ella de padres rusos y él cubanos, que habían vivido en España desde muy jóvenes y que acababan de llegar de Viena, donde habían estado estudiando música un tiempo pero donde no estaban a gusto. Ella tocaba el clarinete y él el violín. Habían llegado a Ginebra con una mano delante y otra detrás, literalmente. Habían estado varios días colándose en el conservatorio para dormir por la noche pero estaban hartos de hacerlo y esa noche se habían alojado en el hostel. Estaban teniendo problemas para encontrar alojamiento porque en Ginebra es muy caro y escaso, y para ser honesto, eran bastante ingenuos, aunque muy simpáticos. Les di un par de consejos y hablamos durante largo rato antes de echarnos a dormir.

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El martes 13 me levanté temprano y fui directamente a la Oficina de Turismo. Pedí un mapa y estuve todo el día recorriendo la ciudad. Ginebra no es especialmente bonita y el tiempo no acompañaba demasiado, pero siempre es divertido explorar un nuevo lugar. La ciudad se encuentra a orillas del Lago Lemán, cuya embocadura la divide en dos partes conectadas por varios puentes. Prácticamente todos los puntos de interés turístico se encuentran al sur de los puentes, en una zona que podría ser la Parte Vieja, repleta de exclusivas tiendas, agradables restaurantes, estrechas callejuelas y edificios antiguos. En la Oficina de Turismo me habían dicho que había algunos museos de entrada gratuita, así que al atardecer visité uno de ellos, el Museo de Arte e Historia, antes de volver al hostel, ya de noche.

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El miércoles 14 salí a correr un rato. El itinerario no fue precisamente el más acertado pero fue relajante. Más tarde dejé la habitación, fui a la estación a comprar el billete para Friburgo y seguí por la cuidad el resto del día, visitando unos cuantos lugares que el día anterior no tuve tiempo de visitar, entre ellos el Museo de Historia Natural, también gratuito, repleto de animales disecados (eso sí, muy bien disecados) y el edificio de las Naciones Unidas. Por la tarde cogí el tren hacia Friburgo y en un par de horas y media estaba ya allí. El sistema de trenes suizo funciona especialmente bien, aunque como todo lo demás, es muy caro. El tren rodea el lago Lemán durante gran parte del recorrido y las vistas del lago con las montañas nevadas al fondo son impresionantes.

Llegué a Friburgo de noche y nada más llegar a la estación María me llamó para ver dónde estaba. Le dije que justo acababa de llegar y me dijo que me pasaba a recoger con unos amigos. En unos minutos llegó, me presentó a sus amigos y nos fuimos a tomar un par de cervezas todos juntos. De camino a casa de María paramos en una plaza en la que un grupo de gente estaba dando sopa gratis en el interior de un kiosco. No recuerdo el motivo, pero probablemente sería para celebrar la navidad. Sopa de verduras, por suerte. Y muy buena. Llegamos a casa de María y cené algo más, charlamos un rato y bebimos vino antes de dormir.

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El jueves 15 María tenía todavía clases, así que salí por la mañana a conocer la ciudad. Me pasé de nuevo por la Oficina de Turismo y me dieron un mapa con un itinerario turístico ya marcado. Friburgo es realmente una especie de pueblo. La Parte Vieja, alrededor del río, se puede recorrer prácticamente en una mañana. Es una zona muy bonita, con un importante desnivel hacia el río, un impresionante puente y otros varios pequeños que lo cruzan a distintas alturas. Tiene una imponente catedral, que curiosamente estaba cerrada con llave. Estuve todo el día paseando tranquilamente por callejuelas y por caminos que rodean la ciudad y desde donde los que se puede disfrutar de buenas vistas. Por la tarde me reuní con María y cenamos fondue antes de salir de fiesta con los erasmus de la universidad. Nos juntamos un grupo bastante grande y estuvimos de bar en bar, venga a beber cerveza, además de una botella de vino que habíamos llevado de casa y otros licores que otra gente tenía en termos. A María no le quedaba mucha marihuana, así que llamó al amigo que le pasó la última para comprar más. Nos reunimos con él más tarde, en una especie de discoteca, y dijo que no tenía para vender, pero que tenía propia para fumar. Estuvimos fumando y bebiendo toda la noche. Hacia las cuatro de la mañana estaba realmente colocado y borracho, al igual que María. Nos despedimos y nos fuimos para casa dando tumbos. Sacamos a Miko un rato antes de echarnos a dormir la mona.

El viernes 16 nos levantamos tarde y estuvimos todo el día vagueando, comiendo y viendo pelis. Pensábamos salir a dar un paseo por un lago cercano, pero se nos fue haciendo tarde y al final no hicimos más que sacar a Miko e ir al supermercado a comprar algo más de comida. A última hora fuimos a una tienda de segunda mano a buscar material de esquí y snow. Había bastantes cosas por allí. María compró botas de patinar y alguna cosa más, y yo compré un casco para la bici y una cantimplora, todo muy barato.

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El sábado 17 el tiempo comenzó a empeorar. Por la mañana las calles amanecieron nevadas, pero aun así nos fuimos a dar un paseo por los alrededores de un lago llamado Lago Negro, cerca de Schwarzsee. A medida que íbamos llegando la carretera estaba más llena de nieve. Llegados a un punto paramos la furgoneta y pusimos las cadenas. Continuamos con ellas durante unos kilómetros y de repente oímos un ruido extraño, pero la furgoneta avanzaba bien, así que llegamos hasta los pies del lago. Allí estaba nevando bastante y había una capa de nieve de más de medio metro en algunas partes. Al bajar de la furgoneta vimos que faltaba una de las cadenas y María no quería bajar más tarde sin ella por esa carretera repleta de nieve y hielo, que probablemente empeoraría con la que estaba cayendo. Calculamos que la cadena se podría haber perdido un par de kilómetros atrás, cuando oímos el ruido, así que salimos a buscarla. Por el camino preguntamos a varios quitanieves si la habían visto en la carretera, pero ninguno de ellos había visto nada. Tras andar durante largo rato y ya pensando en dar la vuelta, la encontramos cerca de una curva. Estaba en mitad de la carretera, partida en varios trozos. Nos dimos la vuelta, continuamos hacia la furgoneta y paseamos un rato por los alrededores del lago. Había muchísima nieve y estaba haciendo tan mal tiempo que no se veía prácticamente nada, así que jugamos un poco con Miko por allí y nos volvimos a Friburgo antes de que anocheciera, con una sola cadena en las ruedas. Afortunadamente, la carretera estaba bastante bien y no hubo contratiempos, aunque María estaba muy nerviosa y bajó conduciendo tiesa como un palo. Como todavía era pronto, decidimos visitar Berna. Paseamos por las calles, intentamos ver los osos que viven en un recinto a orillas del río (estarían durmiendo o hibernando) y bebimos té caliente en un puesto de Cáritas, enfrente del Palacio Federal.

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El domingo 18 salí a correr con Miko. Estaba nevando bastante pero enseguida entré en calor, aunque iba en camiseta. Al principio tenía miedo de que Miko no me hiciera caso y estuviera todo el rato tirando en dirección contraria, o parándose, pero enseguida cogió mi ritmo y se portó muy bien. Até su correa a mi riñonera y fuimos los dos muy a gusto. En las cuestas abajo se aceleraba y en las cuestas arriba se retrasaba un poco, pero nos compenetramos muy bien. Fue una nueva experiencia. Más tarde llegué a casa, me di una ducha y decidimos irnos a la estación de esquí de Moléson a practicar un poco de snowboard. Unos kilómetros antes de llegar, la carretera volvió a estar repleta de nieve y la furgoneta comenzó a patinar. Pusimos la única cadena que teníamos y pudimos andar durante un par de cientos de metros antes de que se rompiera y se quedara de nuevo en mitad de la carretera. La furgoneta patinaba un montón sin cadenas, así que nos dimos la vuelta y regresamos a casa. Por la noche nos pasamos por el Museo de Arte e Historia para ver una colección de tallas que formaban parte de un trabajo que tenía que presentar María.

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El lunes 19 volvimos a intentar subir a Moléson a hacer algo de snowboard. Aunque había mucha más nieve en las calles, el tiempo había mejorado algo. No obstante, María no quería ir sin cadenas, así que paramos de camino a comprar otras. Curiosamente, no se venden en gasolineras como en España. La mayoría de la gente usa ruedas de invierno, así que nos resultó complicado encontrar un sitio donde comprarlas. Al final llegamos a la estación sin contratiempos y sin tener que usarlas. Una vez allí, la tienda de alquiler de equipo estaba cerrada, así que tuvimos que bajar de nuevo al pueblo. Encontramos otra tienda, pero también estaba cerrada. Comenzamos a pensar que no íbamos a poder hacer snow esos días, pero tuvimos la suerte de hablar con una señora que era la madre de la dueña, quien salió de casa para atendernos. Necesitábamos unas botas y una tabla para mí y colocar las fijaciones en la tabla de María. Finalmente lo conseguimos todo, subimos de nuevo a la estación y pudimos estar un par de horas practicando. Los forfaits en Suiza son también muy caros, pero afortunadamente se pueden pagar por horas. Hacia las cuatro y media comenzaron a cerrar las telesillas y nos tuvimos que volver. Fueron sólo un par de horas, pero muy entretenidas.

Por la noche fuimos a una cena de cumpleaños de uno de los compañeros de María. Cada uno allí hablaba un idioma distinto, pero en inglés nos pudimos comunicar unas cuantas personas. María estaba más fluida, hablando en francés e inglés y chapurreando italiano. Comimos, bebimos vino, probamos las tartas y cantamos el cumpleaños feliz en un montón de idiomas distintos, euskera y coreano incluidos.

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El martes 20 nos levantamos, cargamos todas las cosas en la furgoneta y salimos de vuelta para España. Nuestra intención era hacer el viaje en el mismo día si era posible, pero sin ninguna prisa, durmiendo en la furgoneta si era necesario y se hacía tarde. Son unos 1.200 Km, pero estuvimos charlando todo el trayecto y se hizo corto. Paramos a comer y echar gasolina en las inmediaciones de Lyon y al salir encontramos caravana durante largo rato. Se nos hizo muy tarde, así que condujimos durante unas cuantas horas más y alrededor de las doce paramos en un área de descanso para dormir unas horas. A las seis de la mañana nos levantamos y tomamos carretera de nuevo. Paramos a tomar un café a unos 100 Km de España.

A unos 50 Km de la frontera la luz de la reserva se encendió. María dijo que unos 100 Km más ya hacía la furgoneta, así que esperamos a llegar a Donosti para repostar allí, ya que la gasolina en Francia es más cara. Casi llegando a Garbera (prácticamente a un kilómetro de casa) la furgoneta se paró. Pensé que se había calado, pero no pude volver a arrancarla. Estábamos en el carril del centro de la autovía, en un tramo con tres carriles y con un montón de tráfico en hora punta, a las nueve de la mañana. Conseguimos empujar la furgoneta marcha atrás hacia el arcén, desviando el tráfico, y allí decidimos que yo iría a buscar gasolina a la gasolinera más cercana. Salí corriendo y a los dos minutos un tío que había visto lo que había pasado me preguntó si quería que me llevase. Le dije que sí y por suerte me acercó hasta Garbera. Compré gasolina y pregunté allí a los coches que pasaban si alguno iba hacia Irún. Un señor me dijo que sí y me llevó de nuevo hasta la furgoneta. Echamos la gasolina en el depósito y rezamos para que arrancara de nuevo, ya que ambos tíos me dijeron que los motores diesel hay que purgarlos cuando se quedan sin gasolina y que probablemente no arrancaría. Afortunadamente arrancó. Y justo en ese mismo instante se acercó una furgoneta de la Ertzaintza para ver qué pasaba. Salí y les dije que se nos había calado y que habíamos esperado unos minutos para arrancarla de nuevo. No dijimos nada sobre la gasolina, por si acaso. Salimos de allí, paramos en Bidebieta a tomar un pincho y me despedí de María, que condujo hasta Vitoria.

En definitiva, unas bonitas vacaciones, aunque estando en Suiza y teniendo los Alpes tan cerca me hubiera gustado haber hecho un poco de montaña. Desafortunadamente, por las fechas y con el mal tiempo que estaba haciendo hubiera sido imposible.

Más

Vacaciones en Suiza — 12-20/12/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
Running Activity 10.28 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Ginebra.
Running Activity 9.22 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Friburgo.

Referencias

City Hostel Geneva — El hostel de Ginebra.

Puente en Asturias · 8-11/12/2011

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El jueves 8 me levanté temprano y preparé las cosas para pasar los próximos días en Asturias con Mikel, Anja, Javi, Andrés y Kaori. Conduje hasta Bilbao y aparqué el coche en Barakaldo. Mikel me recogió, pasamos a buscar a Anja y salimos los tres en el coche de Mikel hacia Llanes. Llegamos algo tarde y con hambre, así que paseamos un poco por el pueblo y nos metimos en un sitio a comer un plato combinado. Más tarde condujimos hasta Naves y fuimos a ver la Playa de Gulpiyuri, una pequeña pero atípica y curiosa playa que se encuentra localizada tierra adentro, rodeada de verdes prados y bañada indirectamente por el mar a través de los huecos formados por los acantilados. Más tarde condujimos hasta la Playa de Guadamía para ver los Bufones de Pría, unas grietas en la roca de la costa conectadas al mar por las que el oleaje expulsa agua pulverizada a gran altura produciendo un característico silbido (o bufido). Finalmente llegamos a la casa rural que habíamos alquilado en Villanueva de Pría, preparamos la cena y nos fuimos a acostar pronto.

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El viernes 9 nos levantamos temprano y nos fuimos Mikel, Javi, Anja y yo hasta Sotres (1.047m), donde dejamos el coche sobre las 10:45 y comenzamos a ascender hacia el Refugio Urriellu (1.903m), a los pies del Naranjo de Bulnes. Es un recorrido muy bonito y muy bien señalizado. Algo antes de llegar comenzamos a encontrar nieve. Llegamos al refugio sobre las 13:30 y nos quedamos dentro alrededor de una hora, comiendo algo y secando la ropa al fuego de la chimenea, donde el guarda nos llamó la atención por intentar meter más troncos. Curiosamente, encontramos allí a una pareja amigos de Javi. Salimos del refugio sobre las 14:30 con intención de coger otra ruta para bajar hacia Bulnes y de ahí a Poncebos. Pero nos confundimos de camino justo al salir y comenzamos a andar mucho más alto. Al tiempo nos dimos cuenta y decidimos bajar monte a través para dar con el sendero. La bajada se demoró bastante, ya que era todo roca nevada. Javi y Anja iban especialmente despacio. Tras largo rato bajando, incluyendo un divertido descenso por un pedregal, recuperamos el camino.

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Habíamos perdido mucho tiempo y Mikel estaba preocupado por la falta de luz. Queríamos ver las luces de Bulnes antes de que se hiciera de noche, pero no hacíamos más que bajar y bajar y no veíamos nada. Hacia las 17:30 hablamos Mikel y yo mientras esperábamos a Javi y Anja y decidimos separarnos. Sólo teníamos mi frontal y se estaba haciendo de noche. Mikel pensó que sería mejor que uno de los dos se adelantara para reunirse con Andrés y Kaori e ir a buscar el coche a Sotres para estar de vuelta en Poncebos antes de que el resto bajara. Así que yo me adelanté y Mikel se quedó el frontal para ir bajando los tres con él.

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Comencé a bajar rápido y enseguida se hizo de noche. No se veía prácticamente nada, pero podía ir bajando con cautela. Ni siquiera la luna había salido todavía. Al rato de recorrer el sendero comencé a ver las luces de Bulnes. Logré bajar ladera abajo, cruzar el río y llegar al pueblo, por el que pasé rápidamente. A partir de este punto me relajé algo más, ya que ya conocía el camino. Pasé por delante del funicular y tomé el sendero que baja a Poncebos. En el camino adelanté a una pareja que bajaban con frontal. Me preguntaron si quería ir con ellos, pero les dije que tenía prisa. Casi antes de llegar sonó mi teléfono. Era un número fijo. Andrés me estaba llamando desde un bar de Poncebos. Le dije que me había adelantado y que estaría allí en unos quince minutos.

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Seguí bajando y a los quince minutos llegué a Poncebos. Andrés y Kaori estaban esperando al lado de la carretera. Les conté lo sucedido mientras conducíamos hacia Sotres a por el coche de Mikel. Después ellos se fueron hacia Pría, para poder comprar algunas cosas de camino, y yo anduve unos veinte minutos más por pista hasta donde habíamos dejado el coche. Justo al llegar allí recibí otra llamada, del mismo número fijo. Me extrañé al principio, ya que no esperaba que los demás hubieran bajado tan rápido. Había calculado que tardarían alrededor de una hora más que yo y no había pasado tanto tiempo. Era Javi, me decía que estaban en el bar de Poncebos. Le dije que estaba de camino. Extrañado, conduje de vuelta.

Cuando llegué a Poncebos Mikel estaba muy nervioso. Resulta que ellos habían cogido el funicular para bajar y no imaginaban que yo hubiera llegado tan rápido, por lo que pensaron que me había pasado algo, ya que a ellos les costó un montón bajar con frontal y yo no llevaba. Finalmente aclaramos el malentendido, nos tomamos una cervecita en el bar y condujimos hasta la casa rural. Cenamos, estuvimos un rato de tertulia y nos volvimos a acostar pronto.

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El sábado 10 hicimos un paseo costero desde Poo hasta Celorio, pasando por las playas de Poo, San Martín y Palombina. Hay unas playas preciosas por toda esa zona, repletas de entrantes en los acantilados y pequeños islotes. Después cogimos el coche hasta el puerto de Barro y desde allí caminamos por las playas de Niembro y Torimbia. En esta última estuvimos jugando un rato a ver quién tiraba piedras más lejos y Andrés se cayó de espaldas al intentar subir al puesto del socorrista. Desde allí volvimos por pista hacia Niembro. Por la noche cenamos, vimos el partido Madrid-Barça tomando unos gin tonics y después jugamos al Trivial Pursuit y a la Escoba hasta tarde.

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El domingo 11 por la mañana recogimos la casa y la dejamos hacia las doce. Condujimos hasta Ribadesella y estuvimos paseando por la Playa de Santa Marina. Pese a ser un pueblo costero sin nada aparentemente especial, se respiraba un ambiente muy pijo. Después fuimos a comer algo a un merendero cercano y más tarde cogimos carretera hacia Bilbao. Nuestra intención era parar en Comillas, pero se desviaba mucho del trayecto, así que finalmente decidimos parar en Santander. Estuvimos paseando desde la Playa del Sardinero hasta la Península de la Magdalena, donde vimos focas, pingüinos y barcos antiguos. De vuelta pasamos por la Playa del Camello, llegamos al coche y nos despedimos. Anja, Mikel y yo nos fuimos hacia Bilbao, y Javi, Andrés y Kaori hacia Donosti. En Bilbao me despedí de Anja y Mikel y conduje hasta Haro, donde llegué bastante tarde.

Han sido cuatro días de mar y montaña, con día de cierta tensión incluido, afortunadamente con final feliz, y paseos costeros por preciosas playas y acantilados disfrutando y riendo un montón en buena compañía.

Más

Puente en Asturias — 8-11/12/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
puente de la inmaculada constitucion — Álbum de fotos de Mikel en Flickr.
asturias puente inmaculada constitucion — Álbum de fotos de Mikel en Google+.
Asturias 8 – 11 Dec 2011 — Álbum de fotos de Anja en Picasa.
Deciembre 2011 — Álbum de fotos de Kaori en Facebook.
ASTURIAS DICIEMBRE 2011 — Álbum de fotos de Javi en Picasa.

Referencias

Refugio de Urriellu — Descripción aproximada de la ruta de montaña.

De Haro hasta La Demanda en bici · 4/12/2011

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El domingo 4 me levanté a las ocho, preparé la mochila con la cámara, el trípode, un polar, algo de comida y las botas de monte, planeé el itinerario que iba a hacer, y hacia las 9:30 salí con la bici hacia la Sierra de La Demanda. En la página web de la estación de esquí de Valdezcaray pude ver en las cámaras web que la zona estaba nevada pero que ya desde por la mañana lucía el sol, así que pensé en subir algún monte de los alrededores que no fuera el San Lorenzo, tal vez el Cabeza Parda (2.106m), el Pancrudo (2.079m) o el Salineros (2.101m), o incluso los tres si andaba bien de tiempo, y probar la bici en la nieve, algo que me había metido en la cabeza mi primo Diego durante la semana.

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Desde Haro (496m) fui hasta Anguciana, después hasta Casalarreina, prácticamente todo por pista, y ahí cogí la Vía Verde del Oja, que va hasta Ezcaray (811m) pasando por Santo Domingo de la Calzada. Muy agradable aunque tal vez un poco monótona, ya que es prácticamente recta. En este punto había hecho unos 37 Km. Desde Ezcaray comencé a subir hacia la estación de esquí de Valdezcaray (1.660m), por una carretera con bastante pendiente que se prolonga durante 16 Km más. Mientras subía veía pasar bastantes coches en ambos sentidos y no entendía la razón, ya que la estación está todavía cerrada. Cuando llegué comprendí que mucha gente estaba haciendo paseos por la zona para tomar un poco de contacto con la nieve, aprovechando el estupendo día.

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De Valdezcaray continué por la pista que lleva hacia el San Lorenzo y los montes de alrededor que quería subir. La zona ya la conocía, ya que he estado varias veces, así que primeramente quería llegar a un collado desde donde se empieza la ascensión al San Lorenzo y allí, en función de la hora y las fuerzas, decidir qué monte subir. La pista desde el principio estaba completamente nevada. Había madres empujando los trineos de sus hijos. Me cambié de calzado, puse los reflectores en los pedales y comencé a pedalear. Tenía miedo de que la bici patinara mucho, porque toda esa pista estaba en sombra y había hielo en muchos tramos, pero comencé a subir bien. Tenía que hacer bastante esfuerzo pero podía subir montado en la bici. Continué así como unos 7 Km más, hasta que la cantidad de nieve aumentó a unos 5 cm y ya la bici se clavaba. Era muy tarde y estaba agotado, pero quería llegar al collado y al menos subir un monte antes de que se hiciera de noche. Así que comencé a caminar arrastrando la bici. Estos últimos 3 Km fueron realmente duros. Estaba desfallecido y avanzaba muy despacio por la nieve. La ruedas de la bici se hundían constantemente. Parecía que estuviera arrastrando un tanque.

Eran casi las 16:30 cuando llegué al último tramo y pude ver el collado tras una curva. Estaba ahí al lado, pero por mucho que caminaba parecía estar siempre a la misma distancia. Me paraba cada poco tiempo a beber algo de agua, miraba hacia adelante y el camino se hacía eterno. No recuerdo haber estado nunca tan cansado. Cada vez que paraba notaba el agotamiento en todo el cuerpo, así que decidí no parar y continuar sin mirar hacia adelante. La nieve había aumentado. Tendría ya unos 10 cm desde hacía rato. Las sombras cada vez eran más largas.

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Llegué al collado sobre las 17:30. El sol estaba a punto de ponerse, comenzaba a hacer frío y estaba exhausto. Saqué unas fotos, descansé dos minutos y di la vuelta con la esperanza de poder bajar rápido de allí. Había invertido ocho horas en hacer 63 Km, estaba a punto de anochecer y me quedaban otros 63 Km de vuelta a casa. Intenté montarme en la bici y pedalear, pero con tanta nieve era imposible, así que tuve que arrastrarla de nuevo en la bajada. Me estaba costando prácticamente lo mismo hacer el camino de vuelta. Se hizo de noche mientras andaba por la nieve durante estos 3 Km. De vez en cuando me montaba en la bici e intentaba pedalear, pero sin éxito, así que seguía a pie. Después el espesor de la nieve bajó de nuevo a unos 5 cm y en algunos tramos estaba pisada. Durante alrededor de 1 Km pude pedalear intermitentemente, aunque seguía siendo agotador, ya que la bici se clavaba cada dos por tres y tenía que volver a intentar subirme en ella.

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Pasados estos 4 Km iniciales el espesor de la nieve se redujo a unos 3 cm y por fin pude empezar a pedalear con cierta comodidad. No es que fuera disfrutando, pero al menos no era el infierno anterior. Poco a poco la cosa fue mejorando, hasta que más o menos los últimos 5 Km los bajé a toda velocidad, entre tramos de hielo, nieve dura y nieve blanda. Era ya totalmente de noche pero aun así disfruté muchísimo. Sólo por esto ya había merecido la pena la subida. La bici se iba hacia los lados y derrapaba constantemente por los cambios en la nieve, pero no me caí ni me paré ni una sola vez. Fue realmente divertido.

Dejé atrás la pista y llegué de nuevo a Valdezcaray. Me puse el frontal en la cabeza y comencé a bajar los 13 Km de carretera. Hacía muchísimo frío. Sobre todo tenía los pies congelados por toda la nieve que me había entrado entre las botas, pero no me quedaba otra que bajar de allí lo antes posible. Sabía que a medida que fuera bajando la temperatura se iría suavizando. Los primeros kilómetros fueron un poco duros. Los puntos kilométricos se hacían eternos. Más tarde, sobre el kilómetro siete, la cosa cambió. Me olvidé un poco del frió y la pendiente se pronunció más, así que empecé a bajar a toda velocidad. No podía ir más deprisa. Había visto las luces de un coche bajando mucho más atrás. Me alcanzó sobre el kilómetro cinco y se quedó detrás mío hasta llegar al cruce. No sé si me quiso hacer un favor y alumbrarme con sus luces durante esos cinco kilómetros, o es que no se atrevía a adelantarme porque iba realmente rápido y en las curvas solía ocupar los dos carriles. De cualquier forma, estos últimos cinco kilómetros fueron igual de alucinantes o más que la anterior bajada por la nieve.

Cuando llegamos al cruce el coche me adelantó y le saludé, dándole las gracias. Seguí 3 Km más hasta Ezcaray y tomé la Vía Verde de nuevo. Al rato me bajé de la bici y comencé a andar para entrar en calor. Estuve andado durante unos quince minutos porque no sentía los pies. Estaba totalmente congelado. Al rato me monté de nuevo en la bici y pedaleé con paciencia hasta Santo Domingo, luego hasta Casalarreina, de ahí de nuevo a Anguciana y por fin a casa, donde llegué a las 21:30 muy, muy cansado. 12 horas, 125 Km y 1.500m de desnivel. Nieve, bici, montaña y dos bajadas de infarto. No ha estado nada mal.

Más

De Haro hasta La Demanda en bici — 4/12/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
Mountain Biking Activity 125.16 km — Actividad en RunKeeper. 

Referencias

Vía Verde del Oja, de Haro a Ezcaray — Descripción de la Vía Verde en el Portal de Turismo de La Rioja.
Valdezcaray
— Página web de la estación de esquí.
San Lorenzo (2.271m) — Descripción del San Lorenzo en Mendikat.
Salineros (2.101m) — Descripción del Salineros en Mendikat.

Fin de semana en el Pirineo Navarro · 25-27/11/2011

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Este fin de semana he estado con Paula en el Pirineo Navarro. Hemos estado alojados en el Refugio de Linza y desde ahí hemos subido algunos montes. Tanto la cantidad de nieve en la zona como el tiempo han sido fantásticos, así que hemos disfrutado muchísimo.

El viernes 25 por la tarde la cosa se complicó en el trabajo, así que terminé un poco más tarde. Fui al gimnasio y a la vuelta salí corriendo con un montón de bolsas y dos mochilas, como si me fuera dos semanas en lugar de dos días, esperando no haber olvidado nada. Había quedado con Paula a las 19:30 en Elortz, un pueblo a las afueras de Pamplona, pero llegué una media hora más tarde. La avisé antes de salir. Conduje tranquilamente y una vez allí metimos todas sus cosas en mi coche y tiramos hacia el Refugio de Linza (1.330m). Al rato de salir, a Paula le dio la impresión de haberse olvidado las botas. Paramos y en el coche no estaban, así que condujimos de vuelta hacia el suyo. Allí tampoco estaban. Se las había olvidado en casa. Al menos llevaba zapatillas de monte y aunque no podría usar sus crampones con ellas, ya pensaríamos algo si encontrábamos mucha nieve. Llegamos al refugio de noche. El cielo estaba totalmente despejado y se podían ver miles de estrellas claramente. Hacía frío, unos 0º. En el refugio nos dieron de cenar y luego estuvimos un rato al calor de la chimenea, bebiendo Jägermeister y ajustando mis crampones antes de acostarnos, sobre las doce, para levantarnos temprano al día siguiente.

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El sábado 26 nos levantamos a las 7:30, bajamos a desayunar, preparamos la mochila y salimos a las 8:40 desde el refugio hacia la Mesa de los Tres Reyes (2.428m). Aunque todavía hacía frío, el día era estupendo. Esperábamos no encontrar mucha nieve o al menos encontrar huella hecha para no tener que utilizar los crampones, así que Paula no los llevó. Comenzamos a ascender por sendero entre prados y laderas de montaña por un tramo del GR-11, disfrutando de un paisaje maravilloso. Después de alrededor de una hora andando llegamos a la Hoya de la Solana, desde donde comenzamos a ver la Mesa de los Tres Reyes a la izquierda y el Petrechema a la derecha. Tenían nieve, pero no demasiada. Atravesamos la Hoya y llegamos a una bonita zona kárstica salpicada de pinos negros donde ya había pequeñas calvas de nieve. Al bajarla para llegar directamente a la falda del macizo encontramos mucha más nieve y muy dura en una zona de sombra, aunque era un tramo sin pendiente que incluso se podía sortear. Desde ahí comenzamos la ascensión, lentamente y prácticamente paralela al macizo. La cantidad de nieve se incrementó bastante, pero al estar al sol tenía un punto muy agradable. Se podía caminar bien y había huella marcada. Subimos poco a poco y disfrutamos mucho en este tramo. El paisaje era realmente precioso, con una mezcla de roca y nieve a partes iguales. El sol brillaba y no había una sola nube en el cielo. Tampoco hacía demasiado viento, e incluso hacía calor cuando cesaba por completo. Pensábamos que con ese tiempo encontraríamos mucha gente por el camino, pero sólo nos cruzamos con un par de parejas.

Ya en la falda hay dos formas de subir: una directa por la cresta y otra más suave que da un rodeo por la parte derecha. Probamos la segunda pero llegados a un punto había una lengua de nieve muy dura que no se podía subir sin crampones, así que volvimos hacia atrás y subimos directamente por la cresta, que aunque más escarpada, no tenía nada de nieve. Llegamos a la cima, sacamos unas cuantas fotos, disfrutamos de las maravillosas vistas de los montes cercanos y de todo el Pirineo occidental al fondo, que se veía claramente, y comenzamos a descender. Paramos a media falda a picar algo y después bajamos tranquilamente por el mismo camino, sacando fotos y disfrutando de la nieve.

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Cruzamos de nuevo la parte en sombra, más helada, antes de subir un tramo para atravesar la zona kárstica y bajar a la Hoya de la Solana, donde cogimos un desvío para subir al Petrechema (2.371m). Esta vez nos encontramos mucha menos nieve. Prácticamente pudimos sortearla toda, andando por sendero muy bien marcado entre pradera y pedregal hasta llegar a la cresta de subida. Este monte tiene una cresta muy prolongada y con pequeñas lomas intermitentes, lo que hace que al comenzar a subir sólo veas la primera loma, pensando que la cima está ahí cerca. Pero después de cada loma aparece una nueva, lo que resulta desalentador. No obstante, no es una subida complicada ni demasiado empinada. Llegamos a la cima y sacamos unas fotos más. Este monte es en realidad la antecima de una aguja algo más elevada llamada Pic d’Ansabère (2.377m), donde la única manera de ascender es rapelando para después escalar una pared de unos 40m por encima del quinto grado. Después de las fotos de rigor bajamos rápidamente de la cima para evitar el frío viento, de nuevo por la cresta. Cuando llegamos a la falda comimos algo, ya guarecidos del viento en una zona todavía empinada pero de bonitas praderas. Después continuamos descendiendo hasta retomar el sendero de vuelta hasta el refugio, donde llegamos hacia las cinco. Era todavía de día, aunque en un momento oscureció completamente.

En el refugio tomamos un par de cervezas y charlamos un rato de nuevo al calor de la chimenea. Después nos dimos una ducha y bajamos a cenar, devorándolo todo. Nos sentamos a la mesa con dos vizcaínos muy salaos, llamados Patxi y Pablo, que por lo visto conocían a la gente del refugio. Después de cenar sacaron un juego de fichas con números llamado Rummikub, muy entretenido, y estuvimos jugando unas partidas y bebiendo licores hasta alrededor de las doce. El día anterior no dormí mucho, pero este pude dormir como un tronco, al menos hasta las cinco o seis de la mañana.

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El domingo 27 nos levantamos de nuevo sobre las 7:30, desayunamos, recogimos todo, pagamos la cuenta y cogimos el coche para conducir hasta el aparcamiento de Arette la Pierre Saint-Martin (1.760m), donde llegamos a las 9:45. El día era incluso mejor que el anterior. Nada de nubes, nada de viento y una temperatura perfecta. Comenzamos a caminar por sendero y enseguida llegamos a la falda del Arlas (2.044m), que rodeamos por la derecha. Desde allí ya se podía ver el Pic d’Anie (2.507m), imponente, puntiagudo, muy nevado y precioso. Seguimos por senda sin dificultad, subiendo y bajando lomas durante alrededor de hora y media. Fuimos solos durante todo el camino, pero en un momento dado alcanzamos a cuatro montañeros y comenzamos a subir detrás de ellos. A mí me parecía que iban despacio. Le comenté a Paula que podríamos adelantarlos pero me dijo que ella iba bien, así que continuamos detrás durante alrededor de veinte minutos.

Llegó un momento en que nos paramos todos en un punto, donde encontramos a dos tíos más. Justo enfrente había una pared bastante inclinada, de unos 45 grados, en sombra y repleta de nieve. La pareja estaba subiendo sin crampones, pero a duras penas y con muy buenas botas, y el resto había decidido ponérselos ya. Yo pude subir un tramo medio trepando por entre las rocas, pero era bastante peligroso porque la nieve estaba muy dura. Cuando estaba casi arriba Paula me gritó que subiera yo solo, que ella se quedaba porque no podía ponerse sus crampones en las zapatillas. Comencé a bajar. El grupo de cuatro le preguntó a Paula y ella les comentó que se había olvidado las botas, así que decidieron intercambiar crampones. Afortunadamente uno de ellos llevaba botas para crampones semiautomáticos y pudo ponerse los de Paula, así que le dejó los suyos a ella. Yo me puse los crampones también y comenzamos a ascender. Paseamos por nieve durante unos quince minutos. Luego nos quitamos los crampones para continuar por una zona también con pequeñas calvas de nieve, pero por las que se podía caminar sin problemas.

Llegamos a una zona kárstica debajo de la falda. Anduvimos un rato por allí, subiendo y bajando entre rocas y nieve, hasta que llegó un punto en el que la cantidad de nieve ya era mayor y se andaba más seguro con crampones, así que nos los volvimos a poner. Toda esta zona era de ensueño, subiendo y bajando pequeñas lomas y cruzando pequeños puentes de nieve, con el cielo azul y el sol brillando. Disfrutamos muchísimo hasta que por fin llegamos a la falda. Había algunas personas subiendo y se veían realmente pequeñas, y la falda estaba completamente nevada y se intuía muy empinada. Habíamos visto a gente subiendo por distintos sitios, pero se veía un camino muy bien marcado con huellas que subía por la ladera al sol. Decidimos subir por ahí. Cuando llegamos a la falda, efectivamente la pared superaba los cincuenta grados de inclinación, y al mirar hacia arriba la cima se veía realmente lejos, así que nos lo tomamos con calma. Yo subía delante y Paula iba detrás, a unos veinte metros. De vez en cuando paraba a ajustarse los crampones porque con zapatillas no conseguía fijarlos del todo, pero aun así no nos quejábamos porque habíamos tenido una suerte tremenda de encontrarnos con el grupo de navarricos. A media falda la pared era todavía más inclinada. Debería tener unos sesenta grados y mirando hacia arriba se prolongaba eternamente. Yo había decidido subir clavando los crampones en lugar de seguir las huellas, pero la nieve estaba algo blanda y me estaba patinando mucho, así que no estaba disfrutando demasiado. Más tarde decidí subir por las huellas, que aunque me obligaban a dar unas zancadas enormes, al menos permitían que no me resbalase. De esta forma me recuperé un poco y comencé a subir más a gusto. En un momento miré hacia arriba y vi al grupo de navarros bebiendo agua, a unos cincuenta metros, y pensé que habían parado allí a descansar. Les alcancé en unos minutos y cuando llegué vi que estaban ya en la cima y que no había más monte que subir. Enseguida llegó Paula, nos hicimos unas fotos, charlamos un rato con ellos, disfrutamos de las aún más impresionantes vistas que el día anterior, viendo de nuevo todo el Pirineo al fondo y la Mesa de los Tres Reyes enfrente, y bajamos unos metros a comer algo antes de descender.

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El descenso fue muy sencillo y también muy divertido. Estuve sacando fotos durante todo el camino y cada dos por tres nos parábamos a repetir lo alucinante que era el paisaje, el tiempo, y la suerte que habíamos tenido en todo momento. Dejamos la falda atrás y continuamos subiendo y bajando lomitas de nieve y roca de nuevo, esta vez relajados siguiendo las huellas de otros, volviendo por un camino distinto por el que fuimos. Seguimos avanzando y avanzando hasta que la nieve comenzó a escasear y nos quitamos los crampones. Continuamos sorteando pequeñas lomas hasta que nos encontramos de nuevo con el grupo de navarros. Tras largo rato serpenteando, siguiendo el sendero de vuelta, llegamos de nuevo al Arlas, lo rodeamos, sacamos unas fotos más y enseguida llegamos al aparcamiento, sobre las cuatro.

Allí estaban casi todas las personas que nos habíamos encontrado por el camino, que no eran muchas para el día tan bueno que hizo. Nos cambiamos, saludamos a todos, nos despedimos y condujimos de vuelta hacia Pamplona parando a tomar una cerveza en Isaba. Enseguida se hizo de noche. Llegamos de nuevo a Elortz, donde nos despedimos. Paula para conducir hacia Donosti y yo hacia Haro después de un fantástico fin de semana. La ascensión al Pic d’Anie ha sido hasta el momento la más bonita que he hecho, aunque el día anterior también fue espectacular.

Más

Fin de semana en el Pirineo Navarro — 25-27/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Referencias

Linza Hasiera — Página web del Refugio de Linza.
Hiru Erregeen Mahaia (2.428m) — Descripción de la Mesa de los Tres Reyes en Mendikat.
Petretxema (2.371m) — Descripción del Petrechema en Mendikat.
Pic d’Ansabère (2.377m) — Descripción del Pic d’Ansabère en Mendikat.
Arlas (2.044m) — Descripción del Arlas en Mendikat.
Auñamendi/Pic d’Anie (2.507m) — Descripción del Pic d’Anie en Mendikat.
The Original Rummikub — Página oficial del juego de mesa Rummikub (incluso se puede jugar online).

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