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Monthnoviembre 2011

Fin de semana en el Pirineo Navarro · 25-27/11/2011

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Este fin de semana he estado con Paula en el Pirineo Navarro. Hemos estado alojados en el Refugio de Linza y desde ahí hemos subido algunos montes. Tanto la cantidad de nieve en la zona como el tiempo han sido fantásticos, así que hemos disfrutado muchísimo.

El viernes 25 por la tarde la cosa se complicó en el trabajo, así que terminé un poco más tarde. Fui al gimnasio y a la vuelta salí corriendo con un montón de bolsas y dos mochilas, como si me fuera dos semanas en lugar de dos días, esperando no haber olvidado nada. Había quedado con Paula a las 19:30 en Elortz, un pueblo a las afueras de Pamplona, pero llegué una media hora más tarde. La avisé antes de salir. Conduje tranquilamente y una vez allí metimos todas sus cosas en mi coche y tiramos hacia el Refugio de Linza (1.330m). Al rato de salir, a Paula le dio la impresión de haberse olvidado las botas. Paramos y en el coche no estaban, así que condujimos de vuelta hacia el suyo. Allí tampoco estaban. Se las había olvidado en casa. Al menos llevaba zapatillas de monte y aunque no podría usar sus crampones con ellas, ya pensaríamos algo si encontrábamos mucha nieve. Llegamos al refugio de noche. El cielo estaba totalmente despejado y se podían ver miles de estrellas claramente. Hacía frío, unos 0º. En el refugio nos dieron de cenar y luego estuvimos un rato al calor de la chimenea, bebiendo Jägermeister y ajustando mis crampones antes de acostarnos, sobre las doce, para levantarnos temprano al día siguiente.

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El sábado 26 nos levantamos a las 7:30, bajamos a desayunar, preparamos la mochila y salimos a las 8:40 desde el refugio hacia la Mesa de los Tres Reyes (2.428m). Aunque todavía hacía frío, el día era estupendo. Esperábamos no encontrar mucha nieve o al menos encontrar huella hecha para no tener que utilizar los crampones, así que Paula no los llevó. Comenzamos a ascender por sendero entre prados y laderas de montaña por un tramo del GR-11, disfrutando de un paisaje maravilloso. Después de alrededor de una hora andando llegamos a la Hoya de la Solana, desde donde comenzamos a ver la Mesa de los Tres Reyes a la izquierda y el Petrechema a la derecha. Tenían nieve, pero no demasiada. Atravesamos la Hoya y llegamos a una bonita zona kárstica salpicada de pinos negros donde ya había pequeñas calvas de nieve. Al bajarla para llegar directamente a la falda del macizo encontramos mucha más nieve y muy dura en una zona de sombra, aunque era un tramo sin pendiente que incluso se podía sortear. Desde ahí comenzamos la ascensión, lentamente y prácticamente paralela al macizo. La cantidad de nieve se incrementó bastante, pero al estar al sol tenía un punto muy agradable. Se podía caminar bien y había huella marcada. Subimos poco a poco y disfrutamos mucho en este tramo. El paisaje era realmente precioso, con una mezcla de roca y nieve a partes iguales. El sol brillaba y no había una sola nube en el cielo. Tampoco hacía demasiado viento, e incluso hacía calor cuando cesaba por completo. Pensábamos que con ese tiempo encontraríamos mucha gente por el camino, pero sólo nos cruzamos con un par de parejas.

Ya en la falda hay dos formas de subir: una directa por la cresta y otra más suave que da un rodeo por la parte derecha. Probamos la segunda pero llegados a un punto había una lengua de nieve muy dura que no se podía subir sin crampones, así que volvimos hacia atrás y subimos directamente por la cresta, que aunque más escarpada, no tenía nada de nieve. Llegamos a la cima, sacamos unas cuantas fotos, disfrutamos de las maravillosas vistas de los montes cercanos y de todo el Pirineo occidental al fondo, que se veía claramente, y comenzamos a descender. Paramos a media falda a picar algo y después bajamos tranquilamente por el mismo camino, sacando fotos y disfrutando de la nieve.

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Cruzamos de nuevo la parte en sombra, más helada, antes de subir un tramo para atravesar la zona kárstica y bajar a la Hoya de la Solana, donde cogimos un desvío para subir al Petrechema (2.371m). Esta vez nos encontramos mucha menos nieve. Prácticamente pudimos sortearla toda, andando por sendero muy bien marcado entre pradera y pedregal hasta llegar a la cresta de subida. Este monte tiene una cresta muy prolongada y con pequeñas lomas intermitentes, lo que hace que al comenzar a subir sólo veas la primera loma, pensando que la cima está ahí cerca. Pero después de cada loma aparece una nueva, lo que resulta desalentador. No obstante, no es una subida complicada ni demasiado empinada. Llegamos a la cima y sacamos unas fotos más. Este monte es en realidad la antecima de una aguja algo más elevada llamada Pic d’Ansabère (2.377m), donde la única manera de ascender es rapelando para después escalar una pared de unos 40m por encima del quinto grado. Después de las fotos de rigor bajamos rápidamente de la cima para evitar el frío viento, de nuevo por la cresta. Cuando llegamos a la falda comimos algo, ya guarecidos del viento en una zona todavía empinada pero de bonitas praderas. Después continuamos descendiendo hasta retomar el sendero de vuelta hasta el refugio, donde llegamos hacia las cinco. Era todavía de día, aunque en un momento oscureció completamente.

En el refugio tomamos un par de cervezas y charlamos un rato de nuevo al calor de la chimenea. Después nos dimos una ducha y bajamos a cenar, devorándolo todo. Nos sentamos a la mesa con dos vizcaínos muy salaos, llamados Patxi y Pablo, que por lo visto conocían a la gente del refugio. Después de cenar sacaron un juego de fichas con números llamado Rummikub, muy entretenido, y estuvimos jugando unas partidas y bebiendo licores hasta alrededor de las doce. El día anterior no dormí mucho, pero este pude dormir como un tronco, al menos hasta las cinco o seis de la mañana.

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El domingo 27 nos levantamos de nuevo sobre las 7:30, desayunamos, recogimos todo, pagamos la cuenta y cogimos el coche para conducir hasta el aparcamiento de Arette la Pierre Saint-Martin (1.760m), donde llegamos a las 9:45. El día era incluso mejor que el anterior. Nada de nubes, nada de viento y una temperatura perfecta. Comenzamos a caminar por sendero y enseguida llegamos a la falda del Arlas (2.044m), que rodeamos por la derecha. Desde allí ya se podía ver el Pic d’Anie (2.507m), imponente, puntiagudo, muy nevado y precioso. Seguimos por senda sin dificultad, subiendo y bajando lomas durante alrededor de hora y media. Fuimos solos durante todo el camino, pero en un momento dado alcanzamos a cuatro montañeros y comenzamos a subir detrás de ellos. A mí me parecía que iban despacio. Le comenté a Paula que podríamos adelantarlos pero me dijo que ella iba bien, así que continuamos detrás durante alrededor de veinte minutos.

Llegó un momento en que nos paramos todos en un punto, donde encontramos a dos tíos más. Justo enfrente había una pared bastante inclinada, de unos 45 grados, en sombra y repleta de nieve. La pareja estaba subiendo sin crampones, pero a duras penas y con muy buenas botas, y el resto había decidido ponérselos ya. Yo pude subir un tramo medio trepando por entre las rocas, pero era bastante peligroso porque la nieve estaba muy dura. Cuando estaba casi arriba Paula me gritó que subiera yo solo, que ella se quedaba porque no podía ponerse sus crampones en las zapatillas. Comencé a bajar. El grupo de cuatro le preguntó a Paula y ella les comentó que se había olvidado las botas, así que decidieron intercambiar crampones. Afortunadamente uno de ellos llevaba botas para crampones semiautomáticos y pudo ponerse los de Paula, así que le dejó los suyos a ella. Yo me puse los crampones también y comenzamos a ascender. Paseamos por nieve durante unos quince minutos. Luego nos quitamos los crampones para continuar por una zona también con pequeñas calvas de nieve, pero por las que se podía caminar sin problemas.

Llegamos a una zona kárstica debajo de la falda. Anduvimos un rato por allí, subiendo y bajando entre rocas y nieve, hasta que llegó un punto en el que la cantidad de nieve ya era mayor y se andaba más seguro con crampones, así que nos los volvimos a poner. Toda esta zona era de ensueño, subiendo y bajando pequeñas lomas y cruzando pequeños puentes de nieve, con el cielo azul y el sol brillando. Disfrutamos muchísimo hasta que por fin llegamos a la falda. Había algunas personas subiendo y se veían realmente pequeñas, y la falda estaba completamente nevada y se intuía muy empinada. Habíamos visto a gente subiendo por distintos sitios, pero se veía un camino muy bien marcado con huellas que subía por la ladera al sol. Decidimos subir por ahí. Cuando llegamos a la falda, efectivamente la pared superaba los cincuenta grados de inclinación, y al mirar hacia arriba la cima se veía realmente lejos, así que nos lo tomamos con calma. Yo subía delante y Paula iba detrás, a unos veinte metros. De vez en cuando paraba a ajustarse los crampones porque con zapatillas no conseguía fijarlos del todo, pero aun así no nos quejábamos porque habíamos tenido una suerte tremenda de encontrarnos con el grupo de navarricos. A media falda la pared era todavía más inclinada. Debería tener unos sesenta grados y mirando hacia arriba se prolongaba eternamente. Yo había decidido subir clavando los crampones en lugar de seguir las huellas, pero la nieve estaba algo blanda y me estaba patinando mucho, así que no estaba disfrutando demasiado. Más tarde decidí subir por las huellas, que aunque me obligaban a dar unas zancadas enormes, al menos permitían que no me resbalase. De esta forma me recuperé un poco y comencé a subir más a gusto. En un momento miré hacia arriba y vi al grupo de navarros bebiendo agua, a unos cincuenta metros, y pensé que habían parado allí a descansar. Les alcancé en unos minutos y cuando llegué vi que estaban ya en la cima y que no había más monte que subir. Enseguida llegó Paula, nos hicimos unas fotos, charlamos un rato con ellos, disfrutamos de las aún más impresionantes vistas que el día anterior, viendo de nuevo todo el Pirineo al fondo y la Mesa de los Tres Reyes enfrente, y bajamos unos metros a comer algo antes de descender.

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El descenso fue muy sencillo y también muy divertido. Estuve sacando fotos durante todo el camino y cada dos por tres nos parábamos a repetir lo alucinante que era el paisaje, el tiempo, y la suerte que habíamos tenido en todo momento. Dejamos la falda atrás y continuamos subiendo y bajando lomitas de nieve y roca de nuevo, esta vez relajados siguiendo las huellas de otros, volviendo por un camino distinto por el que fuimos. Seguimos avanzando y avanzando hasta que la nieve comenzó a escasear y nos quitamos los crampones. Continuamos sorteando pequeñas lomas hasta que nos encontramos de nuevo con el grupo de navarros. Tras largo rato serpenteando, siguiendo el sendero de vuelta, llegamos de nuevo al Arlas, lo rodeamos, sacamos unas fotos más y enseguida llegamos al aparcamiento, sobre las cuatro.

Allí estaban casi todas las personas que nos habíamos encontrado por el camino, que no eran muchas para el día tan bueno que hizo. Nos cambiamos, saludamos a todos, nos despedimos y condujimos de vuelta hacia Pamplona parando a tomar una cerveza en Isaba. Enseguida se hizo de noche. Llegamos de nuevo a Elortz, donde nos despedimos. Paula para conducir hacia Donosti y yo hacia Haro después de un fantástico fin de semana. La ascensión al Pic d’Anie ha sido hasta el momento la más bonita que he hecho, aunque el día anterior también fue espectacular.

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Fin de semana en el Pirineo Navarro — 25-27/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Referencias

Linza Hasiera — Página web del Refugio de Linza.
Hiru Erregeen Mahaia (2.428m) — Descripción de la Mesa de los Tres Reyes en Mendikat.
Petretxema (2.371m) — Descripción del Petrechema en Mendikat.
Pic d’Ansabère (2.377m) — Descripción del Pic d’Ansabère en Mendikat.
Arlas (2.044m) — Descripción del Arlas en Mendikat.
Auñamendi/Pic d’Anie (2.507m) — Descripción del Pic d’Anie en Mendikat.
The Original Rummikub — Página oficial del juego de mesa Rummikub (incluso se puede jugar online).

Rocódromo en Haro · 15/11/2011

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Hace un par de semanas estuve en el Club de Montaña Toloño aquí en Haro. Quería hacerme socio más que nada para sacarme la licencia federativa y el seguro de montaña, pero cuando fui allí me recibieron muy amablemente y me enseñaron todo el material y la bibliografía que tienen a disposición de los socios, y además me dijeron que el club tiene un pequeño rocódromo también en Haro.

El rocódromo está en las instalaciones del instituto público, por lo que sólo está abierto un par de horas los martes a partir de las ocho y media. Esto me viene perfecto, ya que los martes tengo clase de inglés de cinco a siete y luego voy al gimnasio hasta las ocho y media. El martes pasado me pasé por allí, pero estaba cerrado debido a que habían cambiado las llaves en el instituto. No obstante, pude conocer al grupito y presentarme.

Este martes ya estaba abierto de nuevo. Pasé con la intención de saludar, pero enseguida me empezaron a vacilar: que si allí no se iba a saludar, que si me daba miedo subir la pared,… Así que me puse el arnés y los gatos y estuve probando las vías. El rocódromo sólo tiene cuatro cuerdas y no tendrá más de diez metros de altura, pero tiene presas suficientes como para disfrutar un buen rato. También tiene un par de desplomes en el lado derecho, e incluso un boulder en la pared contraria.

Estuve allí hasta las diez menos cuarto, momento en el que suena una sirena y nos tenemos que marchar. Comparado con tener que ir a Vitoria corriendo entre semana para hacer prácticamente lo mismo, teniendo además que pagar cuatro euros por la entrada, esto es todo un lujo. Incluso la gente del grupo es toda muy maja. A partir de ahora iré todas las semanas.

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Rocódromo en Haro — 15/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Cresterío Aizkorri · 13/11/2011

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El domingo 13 por la mañana me desperté, miré el reloj y eran las 10:30. Pensé que ya era demasiado tarde para salir de nuevo al monte, pero aun así me levanté y eché una mirada rápida a la previsión del tiempo. De nuevo no era nada mala, así que desayuné a toda velocidad, preparé la mochila y salí disparado hacia Zegama. Llegué al Apeadero de Zegama (530m) a las 12:40, bastante tarde. Comencé a ascender siguiendo el track del GPS. Es todo pista y sendero, pero en algunos tramos el track discurría por bosque a través (se conoce que el tío que lo grabó se desorientó un par de veces y no se le ocurrió poner una notita advirtiéndolo, algo que sucede muy a menudo).

Pese a todo, la ascensión fue bastante agradable. Nada de ríos ni nieve esta vez, aunque sí mucho viento, que ya en el bosque era bastante fuerte. Recuerdo haber pensado que si a esa altura el viento estaba soplando tan fuerte, en la cima debía de ser incluso peligroso. Tras dejar el bosque atrás y comenzar a ascender por la ladera del cresterío, el viento había cesado un poco, pero cuando llegué a la cresta el viento se acrecentó confirmando mis sospechas. Recorrí toda la cresta en línea recta, andando y trepando por roca puntiaguda. El viento tan fuerte y a rachas hace que estés constantemente en tensión, intentando mantener el equilibrio, algo que resulta agotador.

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Llegué primero al Arbelaitz (1.513m), al que se sube por una brecha casi vertical por la que hay que trepar, bastante aérea en uno de los costados. Intentaba mantenerme pegado al costado opuesto para evitar que una racha de viento me hiciera perder el equilibrio y caer al vacío de la forma más tonta. Después de esta cima continué por la cresta hacia el Iraule (1.511m). No quería descender para no saltármelo, ya que la niebla era muy densa y no veía absolutamente nada. Tras largo rato de nuevo por riscos llegué al Aitxuri (1.551m), mi principal objetivo por ser el punto más alto de Guipúzcoa, y de ahí caminé hacia el cercano Aketegi (1.549m) antes de comenzar a descender rápidamente para evitar el fuerte viento.

En cuanto descendí unos cien metros el viento prácticamente cesó y las nubes quedaron arriba. Pude contemplar el paisaje mientras bajaba tranquilamente por un pedregal hacia unas lomas con un caserío. Las horas de luz se me estaban agotando pero aun así iba relajado, sacando fotos. Mi única preocupación era llegar al collado que atraviesa la cresta hacia el lado norte antes de que anocheciese, ya que había comprobado que el sendero y la pista de vuelta hasta el coche, pese a discurrir por bosque, estaban bien señalizados.

De camino hacia el collado vi una especie de cruz en lo alto de una loma. Subí a ver qué era y encontré la cima del Aizkorritxo (1.344m). Desde allí continué hacia el collado, lo atravesé todavía de día, y comencé a descender tranquilamente por el sendero entre el bosque, lleno de hojarasca en algunos tramos. El sendero se convirtió en pista más abajo. Llegué de vuelta al coche sobre las 18:15, algo antes de lo que esperaba, aunque ya era totalmente de noche. Me cambié y conduje tranquilamente de vuelta hasta Haro.

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Cresterío Aizkorri — 13/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Referencias

Arbelatiz (1.513m) — Descripción del Arbelaitz en Mendikat.
Iraule (1.511m) — Descripción del Iraule en Mendikat.
Aitxuri (1.551m) — Descripción del Aitxuri en Mendikat.
Aketegi (1.549m) — Descripción del Aketegi en Mendikat.
Aizkorritxo (1.344m) — Descripción del Aizkorritxo en Mendikat.
ZEGAMA-AITXURI — Track en Wikiloc para subir al Aitxuri desde el Apeadero de Zegama. 

San Millán (2.132m) · 12/11/2011

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El sábado 12 por la mañana me levanté temprano y consulté la previsión del tiempo. No era nada mala, así que desayuné rápido, metí un poco de comida en la mochila, cogí los piolets, los crampones, las polainas y los guantes y conduje hasta Santa Cruz del Valle Urbión de nuevo. A la altura de Santo Domingo de la Calzada la niebla lo inundaba todo, una niebla bastante densa. Estuve pensando durante largo rato en dar la vuelta, ya que si había tanta niebla a esa altura, era muy probable que la hubiera durante todo el camino hasta la cima. No obstante, casi al llegar al pueblo, de repente la niebla se disipó totalmente, como por arte de magia, dejando entrever un cielo azul con algunas nubes. Desde el pueblo conduje de nuevo hasta el Refugio Zarcia (1.045m) y desde allí pude ver con asombro que la cima del San Millán (2.132m) prácticamente no tenía nieve. Dejé los piolets, las polainas y los guantes, pero llevé los crampones por si acaso tenía que atravesar alguna zona con nieve.

Comencé a andar hacia las 11:10, una hora antes que la vez anterior. Dado el buen tiempo y la poca nieve en la montaña, mi preocupación esta vez era que el río no llevase demasiado caudal. La primera vez que lo crucé comprobé que estaba más o menos como la vez anterior. Con mucho cuidado, pude pasar sin mojarme los pies. Continué sendero arriba, pensando que esta vez iba andando por un camino de rosas. La segunda vez que tuve que atravesar el río no encontré forma de hacerlo sin mojarme los pies del todo. Afortunadamente las botas desalojan bastante rápido el agua, y no estaba demasiado preocupado por ello porque esta vez no hacía tanto frío.

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Tras cruzar por última vez el río y volver a mojarme los pies, dejé éste atrás y comencé a ascender por el pedregal, con una pendiente bastante fuerte. Llegué a la cascada donde la vez anterior comenzó a aparecer la nieve. Esta vez era un bonito prado con un sendero muy bien marcado con hitos. Seguí subiendo, mirando de vez en cuando atrás para ver por dónde había intentado subir la vez anterior. La verdad es que todavía me quedaba un buen tramo. Habría tardado al menos un par de horas más en llegar a la cima.

La pendiente en la cara norte es bastante pronunciada. Fui ascendiendo con calma, atravesando un par de neveros en alguna ocasión. No necesité usar los crampones, ya que había huellas ya marcadas y se subía bien. Llegué a la cima sobre las 13:30. Hacía un viento muy fuerte y muy frío, pese al buen tiempo. Me resguardé en la base del vértice geodésico y comí algo. Al rato llegaron unos tíos que había adelantado por el camino. Saqué unas fotos, hablamos un rato y comencé a descender, esta vez por la ladera contraria de la misma cara norte. Bajé tranquilamente, sin contratiempos incluso al cruzar el río. Llegué al coche sobre las cuatro, me cambié y conduje de vuelta tranquilamente hasta Haro.

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Sam Millán (2.143m) — 12/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Referencias

San Millán (2.132m) — Descripción del monte en Mendikat.
San Millán
— Track de referencia en Wikiloc (el sendero está muy bien señalizado, prácticamente no es necesario).

San Millán (2.132m) (Intento) · 6/11/2011

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El domingo 6 por la mañana el cielo estaba muy gris pero había dejado de llover. Consulté la previsión del tiempo y no se esperaban demasiadas precipitaciones, así que decidí preparar la mochila y conducir hasta Santa Cruz del Valle Urbión, un pueblo en la provincia de Burgos a unos 60 Km de Haro desde donde se puede subir al San Millán (2.132m), el monte más alto de Burgos. Cuando llegué lloviznaba algo, pero estaba dentro de lo soportable. Me cambié, cogí la mochila y eché a andar a las 12:10 desde el Refugio Zarcia (1.045m), a unos 4 Km al SE del pueblo.

El camino está muy bien señalizado, comenzando por pista y continuando por sendero bordeando el río. Incluso hay carteles. Sin embargo, el sendero atraviesa varias veces el río, que llevaba mucha agua, por lo que en ocasiones era imposible cruzarlo sin desviarse unas decenas de metros. Esto hizo que en algunos tramos tuviera que seguir por caminos secundarios que, aunque estaban señalizados con hitos, no eran precisamente agradables ni estaban tan bien marcados. Llegó un punto en el que estaba deseando dejar el río atrás, ya que tampoco estaba notando que ascendiera demasiado. En un momento dado, el sendero se alejó del río y comenzó a tener mucha más pendiente, y la niebla lo inundó todo. Enseguida llegué a un empinado pedregal. Comencé a ver nieve, primero pequeñas manchas y luego, hacia los 1.800m, cubriéndolo todo. No esperaba encontrarme tanta. Rápidamente la cantidad de nieve aumentó muchísimo, hasta el punto de llegarme por encima de las rodillas. Los hitos estaban prácticamente ocultos y por supuesto no había camino por ninguna parte. Cuando dejé atrás el último hito consulté el GPS y comprobé que estaba ya en la cara norte, así que comencé a ascender en línea recta.

La pendiente era de unos 45 grados, pero iba cómodo haciendo escalones en la nieve, clavando las botas. Hacia las 14:30 había subido como media falda. La nieve se hacía cada vez más dura, lo que no estaba mal porque me permitía avanzar un poco más rápido, aunque de vez en cuando hiciera daño al golpearla con las piernas. Avanzaba muy despacio y el tiempo se me estaba echando encima. Quería llegar a la cima sobre las tres para tener otras tres horas de bajada antes de quedarme sin luz, pero la señal del GPS prácticamente no se movía cada vez que lo consultaba. Hacia las 15:30 llegué a un punto con más pendiente, unos 50 ó 55 grados, en el que ya no podía clavar las botas. Estaba a unos 2.000m y había hielo por todas partes. Era muy tarde y no podía subir por allí sin crampones, de ninguna manera. El paisaje era completamente blanco, no podía distinguir el cielo del suelo, y además estaba nevando y hacía bastante viento y mucho frío. Como estuve subiendo a gatas por toda la falda, las puntas de los guantes se pegaban al hielo seco y algunas partes se habían descompuesto. Así que maldije un par de veces, hice un par de fotos (recuerdo que me quité el guante derecho para usar la cámara y en un momento la mano me dolía muchísimo del frío) y bajé siguiendo mis propias huellas.

Es mucho más sencillo subir que bajar. Te das cuenta enseguida al darte la vuelta y mirar hacia abajo. Te preguntas si realmente has subido por ahí, ya que se ve todo mucho más empinado. Afortunadamente las huellas hacían en parte de escalones. Me lo tomé con calma y comencé a descender y descender. Si las huellas se hubieran borrado me habría desorientado totalmente. Al fin comencé a dejar la nieve atrás y llegué al pedregal, donde la nieve se tornó lluvia. Estaba completamente empapado, así que intenté moverme deprisa para no perder calor. Seguí bajando y bajando hasta que entré de nuevo en el bosque, siguiendo el sendero, bordeando y cruzando el río.

Llegué al coche sobre las 17:00. Me cambié rápidamente. Me costó mucho cambiarme de calcetines porque tenía las manos tan frías que no las podía mover. Incluso tuve dificultades para pulsar el botón del mando del coche y abrir el maletero. Monté en el coche, puse la calefacción a tope y conduje de nuevo hasta Haro. Tardé prácticamente todo el trayecto en entrar en calor, aunque en ningún momento tuve la sensación de tener tanto frío mientras bajaba.

Una bonita experiencia, pese al hecho de no haber hecho cima, ya que en cierto modo no me hubiera gustado mucho llegar arriba y tachar el monte sin haber visto absolutamente nada.

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San Millán (2.132m) (Intento) — 6/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Referencias

San Millán (2.132m) — Descripción del monte en Mendikat.
San Millán
— Track de referencia en Wikiloc (al llegar a la pared norte la nieve había tapado el camino, así que subí en línea recta por la falda).

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