Debo reconocer que hasta hace un par de años este había sido el único monte que había subido en toda mi vida. Dos veces, y ambas durante mi adolescencia. Ninguno más, nunca. Es curioso cómo algo que ahora me fascina me haya pasado desapercibido durante décadas. Y es curioso cómo funciona nuestra mente, siempre mirando hacia otro lado hasta que un día, por un extraño motivo o debido a un cúmulo de adecuadas circunstancias, ese interruptor aletargado se acciona para cambiar completamente tu percepción de la realidad y poner patas arriba tu lista de intereses.

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