Otra de las joyitas de la Sierra de Cantabria. Aunque de dificultad algo inferior a la Cresta del Palomares, en esta encontraremos un par de rápeles y también algún que otro tramo aéreo y ridículamente afilado, de los habituales en todo el cresterío. La roca aquí es excelente en los pasajes más delicados, así que se trata de un recorrido que se disfruta mucho.

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