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Vacaciones en Suiza · 12-20/12/2011

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Tras llegar el domingo del puente de Asturias, el lunes 12 por la mañana volví a preparar la mochila y salí para Donosti. Comí con los aitas y por la tarde cogí un autobús hacia el aeropuerto de Bilbao. En Bilbao cogí un avión a Ginebra, donde llegué sin contratiempos sobre las diez de la noche. Suiza es un país muy caro, pero tiene algunas ventajas. En el aeropuerto hay una máquina que expende tickets para el transporte público válidos por ochenta minutos, así que resulta gratis trasladarse. Cogí uno de esos tickets y fui en tren hasta la estación central, en el corazón de la ciudad. El hostel estaba prácticamente al lado y tenía todo tipo de comodidades. De hecho, es el mejor hostel en el que he estado. Y no era caro, 32 francos suizos que al cambio son unos 27€. Además, incluía una tarjeta para usar el transporte público libremente y sin restricciones durante la estancia. La habitación, de dos literas, estaba ocupada por un chaval asiático que me recordó mucho al Hiro de la serie Héroes. No hablaba prácticamente inglés y era muy callado, así que no hablamos mucho. Tras acomodarme, salí un rato a dar un paseo por los alrededores. Hacía frío, pero no tanto como me esperaba.

Más tarde me di una ducha, y mientras estaba organizando la mochila llegó a la habitación otra pareja. Les oí hablar en español, así que comencé a hablar con ellos. Era una pareja de estudiantes de música, Sofía y Ricardo, ella de padres rusos y él cubanos, que habían vivido en España desde muy jóvenes y que acababan de llegar de Viena, donde habían estado estudiando música un tiempo pero donde no estaban a gusto. Ella tocaba el clarinete y él el violín. Habían llegado a Ginebra con una mano delante y otra detrás, literalmente. Habían estado varios días colándose en el conservatorio para dormir por la noche pero estaban hartos de hacerlo y esa noche se habían alojado en el hostel. Estaban teniendo problemas para encontrar alojamiento porque en Ginebra es muy caro y escaso, y para ser honesto, eran bastante ingenuos, aunque muy simpáticos. Les di un par de consejos y hablamos durante largo rato antes de echarnos a dormir.

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El martes 13 me levanté temprano y fui directamente a la Oficina de Turismo. Pedí un mapa y estuve todo el día recorriendo la ciudad. Ginebra no es especialmente bonita y el tiempo no acompañaba demasiado, pero siempre es divertido explorar un nuevo lugar. La ciudad se encuentra a orillas del Lago Lemán, cuya embocadura la divide en dos partes conectadas por varios puentes. Prácticamente todos los puntos de interés turístico se encuentran al sur de los puentes, en una zona que podría ser la Parte Vieja, repleta de exclusivas tiendas, agradables restaurantes, estrechas callejuelas y edificios antiguos. En la Oficina de Turismo me habían dicho que había algunos museos de entrada gratuita, así que al atardecer visité uno de ellos, el Museo de Arte e Historia, antes de volver al hostel, ya de noche.

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El miércoles 14 salí a correr un rato. El itinerario no fue precisamente el más acertado pero fue relajante. Más tarde dejé la habitación, fui a la estación a comprar el billete para Friburgo y seguí por la cuidad el resto del día, visitando unos cuantos lugares que el día anterior no tuve tiempo de visitar, entre ellos el Museo de Historia Natural, también gratuito, repleto de animales disecados (eso sí, muy bien disecados) y el edificio de las Naciones Unidas. Por la tarde cogí el tren hacia Friburgo y en un par de horas y media estaba ya allí. El sistema de trenes suizo funciona especialmente bien, aunque como todo lo demás, es muy caro. El tren rodea el lago Lemán durante gran parte del recorrido y las vistas del lago con las montañas nevadas al fondo son impresionantes.

Llegué a Friburgo de noche y nada más llegar a la estación María me llamó para ver dónde estaba. Le dije que justo acababa de llegar y me dijo que me pasaba a recoger con unos amigos. En unos minutos llegó, me presentó a sus amigos y nos fuimos a tomar un par de cervezas todos juntos. De camino a casa de María paramos en una plaza en la que un grupo de gente estaba dando sopa gratis en el interior de un kiosco. No recuerdo el motivo, pero probablemente sería para celebrar la navidad. Sopa de verduras, por suerte. Y muy buena. Llegamos a casa de María y cené algo más, charlamos un rato y bebimos vino antes de dormir.

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El jueves 15 María tenía todavía clases, así que salí por la mañana a conocer la ciudad. Me pasé de nuevo por la Oficina de Turismo y me dieron un mapa con un itinerario turístico ya marcado. Friburgo es realmente una especie de pueblo. La Parte Vieja, alrededor del río, se puede recorrer prácticamente en una mañana. Es una zona muy bonita, con un importante desnivel hacia el río, un impresionante puente y otros varios pequeños que lo cruzan a distintas alturas. Tiene una imponente catedral, que curiosamente estaba cerrada con llave. Estuve todo el día paseando tranquilamente por callejuelas y por caminos que rodean la ciudad y desde donde los que se puede disfrutar de buenas vistas. Por la tarde me reuní con María y cenamos fondue antes de salir de fiesta con los erasmus de la universidad. Nos juntamos un grupo bastante grande y estuvimos de bar en bar, venga a beber cerveza, además de una botella de vino que habíamos llevado de casa y otros licores que otra gente tenía en termos. A María no le quedaba mucha marihuana, así que llamó al amigo que le pasó la última para comprar más. Nos reunimos con él más tarde, en una especie de discoteca, y dijo que no tenía para vender, pero que tenía propia para fumar. Estuvimos fumando y bebiendo toda la noche. Hacia las cuatro de la mañana estaba realmente colocado y borracho, al igual que María. Nos despedimos y nos fuimos para casa dando tumbos. Sacamos a Miko un rato antes de echarnos a dormir la mona.

El viernes 16 nos levantamos tarde y estuvimos todo el día vagueando, comiendo y viendo pelis. Pensábamos salir a dar un paseo por un lago cercano, pero se nos fue haciendo tarde y al final no hicimos más que sacar a Miko e ir al supermercado a comprar algo más de comida. A última hora fuimos a una tienda de segunda mano a buscar material de esquí y snow. Había bastantes cosas por allí. María compró botas de patinar y alguna cosa más, y yo compré un casco para la bici y una cantimplora, todo muy barato.

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El sábado 17 el tiempo comenzó a empeorar. Por la mañana las calles amanecieron nevadas, pero aun así nos fuimos a dar un paseo por los alrededores de un lago llamado Lago Negro, cerca de Schwarzsee. A medida que íbamos llegando la carretera estaba más llena de nieve. Llegados a un punto paramos la furgoneta y pusimos las cadenas. Continuamos con ellas durante unos kilómetros y de repente oímos un ruido extraño, pero la furgoneta avanzaba bien, así que llegamos hasta los pies del lago. Allí estaba nevando bastante y había una capa de nieve de más de medio metro en algunas partes. Al bajar de la furgoneta vimos que faltaba una de las cadenas y María no quería bajar más tarde sin ella por esa carretera repleta de nieve y hielo, que probablemente empeoraría con la que estaba cayendo. Calculamos que la cadena se podría haber perdido un par de kilómetros atrás, cuando oímos el ruido, así que salimos a buscarla. Por el camino preguntamos a varios quitanieves si la habían visto en la carretera, pero ninguno de ellos había visto nada. Tras andar durante largo rato y ya pensando en dar la vuelta, la encontramos cerca de una curva. Estaba en mitad de la carretera, partida en varios trozos. Nos dimos la vuelta, continuamos hacia la furgoneta y paseamos un rato por los alrededores del lago. Había muchísima nieve y estaba haciendo tan mal tiempo que no se veía prácticamente nada, así que jugamos un poco con Miko por allí y nos volvimos a Friburgo antes de que anocheciera, con una sola cadena en las ruedas. Afortunadamente, la carretera estaba bastante bien y no hubo contratiempos, aunque María estaba muy nerviosa y bajó conduciendo tiesa como un palo. Como todavía era pronto, decidimos visitar Berna. Paseamos por las calles, intentamos ver los osos que viven en un recinto a orillas del río (estarían durmiendo o hibernando) y bebimos té caliente en un puesto de Cáritas, enfrente del Palacio Federal.

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El domingo 18 salí a correr con Miko. Estaba nevando bastante pero enseguida entré en calor, aunque iba en camiseta. Al principio tenía miedo de que Miko no me hiciera caso y estuviera todo el rato tirando en dirección contraria, o parándose, pero enseguida cogió mi ritmo y se portó muy bien. Até su correa a mi riñonera y fuimos los dos muy a gusto. En las cuestas abajo se aceleraba y en las cuestas arriba se retrasaba un poco, pero nos compenetramos muy bien. Fue una nueva experiencia. Más tarde llegué a casa, me di una ducha y decidimos irnos a la estación de esquí de Moléson a practicar un poco de snowboard. Unos kilómetros antes de llegar, la carretera volvió a estar repleta de nieve y la furgoneta comenzó a patinar. Pusimos la única cadena que teníamos y pudimos andar durante un par de cientos de metros antes de que se rompiera y se quedara de nuevo en mitad de la carretera. La furgoneta patinaba un montón sin cadenas, así que nos dimos la vuelta y regresamos a casa. Por la noche nos pasamos por el Museo de Arte e Historia para ver una colección de tallas que formaban parte de un trabajo que tenía que presentar María.

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El lunes 19 volvimos a intentar subir a Moléson a hacer algo de snowboard. Aunque había mucha más nieve en las calles, el tiempo había mejorado algo. No obstante, María no quería ir sin cadenas, así que paramos de camino a comprar otras. Curiosamente, no se venden en gasolineras como en España. La mayoría de la gente usa ruedas de invierno, así que nos resultó complicado encontrar un sitio donde comprarlas. Al final llegamos a la estación sin contratiempos y sin tener que usarlas. Una vez allí, la tienda de alquiler de equipo estaba cerrada, así que tuvimos que bajar de nuevo al pueblo. Encontramos otra tienda, pero también estaba cerrada. Comenzamos a pensar que no íbamos a poder hacer snow esos días, pero tuvimos la suerte de hablar con una señora que era la madre de la dueña, quien salió de casa para atendernos. Necesitábamos unas botas y una tabla para mí y colocar las fijaciones en la tabla de María. Finalmente lo conseguimos todo, subimos de nuevo a la estación y pudimos estar un par de horas practicando. Los forfaits en Suiza son también muy caros, pero afortunadamente se pueden pagar por horas. Hacia las cuatro y media comenzaron a cerrar las telesillas y nos tuvimos que volver. Fueron sólo un par de horas, pero muy entretenidas.

Por la noche fuimos a una cena de cumpleaños de uno de los compañeros de María. Cada uno allí hablaba un idioma distinto, pero en inglés nos pudimos comunicar unas cuantas personas. María estaba más fluida, hablando en francés e inglés y chapurreando italiano. Comimos, bebimos vino, probamos las tartas y cantamos el cumpleaños feliz en un montón de idiomas distintos, euskera y coreano incluidos.

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El martes 20 nos levantamos, cargamos todas las cosas en la furgoneta y salimos de vuelta para España. Nuestra intención era hacer el viaje en el mismo día si era posible, pero sin ninguna prisa, durmiendo en la furgoneta si era necesario y se hacía tarde. Son unos 1.200 Km, pero estuvimos charlando todo el trayecto y se hizo corto. Paramos a comer y echar gasolina en las inmediaciones de Lyon y al salir encontramos caravana durante largo rato. Se nos hizo muy tarde, así que condujimos durante unas cuantas horas más y alrededor de las doce paramos en un área de descanso para dormir unas horas. A las seis de la mañana nos levantamos y tomamos carretera de nuevo. Paramos a tomar un café a unos 100 Km de España.

A unos 50 Km de la frontera la luz de la reserva se encendió. María dijo que unos 100 Km más ya hacía la furgoneta, así que esperamos a llegar a Donosti para repostar allí, ya que la gasolina en Francia es más cara. Casi llegando a Garbera (prácticamente a un kilómetro de casa) la furgoneta se paró. Pensé que se había calado, pero no pude volver a arrancarla. Estábamos en el carril del centro de la autovía, en un tramo con tres carriles y con un montón de tráfico en hora punta, a las nueve de la mañana. Conseguimos empujar la furgoneta marcha atrás hacia el arcén, desviando el tráfico, y allí decidimos que yo iría a buscar gasolina a la gasolinera más cercana. Salí corriendo y a los dos minutos un tío que había visto lo que había pasado me preguntó si quería que me llevase. Le dije que sí y por suerte me acercó hasta Garbera. Compré gasolina y pregunté allí a los coches que pasaban si alguno iba hacia Irún. Un señor me dijo que sí y me llevó de nuevo hasta la furgoneta. Echamos la gasolina en el depósito y rezamos para que arrancara de nuevo, ya que ambos tíos me dijeron que los motores diesel hay que purgarlos cuando se quedan sin gasolina y que probablemente no arrancaría. Afortunadamente arrancó. Y justo en ese mismo instante se acercó una furgoneta de la Ertzaintza para ver qué pasaba. Salí y les dije que se nos había calado y que habíamos esperado unos minutos para arrancarla de nuevo. No dijimos nada sobre la gasolina, por si acaso. Salimos de allí, paramos en Bidebieta a tomar un pincho y me despedí de María, que condujo hasta Vitoria.

En definitiva, unas bonitas vacaciones, aunque estando en Suiza y teniendo los Alpes tan cerca me hubiera gustado haber hecho un poco de montaña. Desafortunadamente, por las fechas y con el mal tiempo que estaba haciendo hubiera sido imposible.

Más

Vacaciones en Suiza — 12-20/12/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
Running Activity 10.28 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Ginebra.
Running Activity 9.22 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Friburgo.

Referencias

City Hostel Geneva — El hostel de Ginebra.

Puente en Asturias · 8-11/12/2011

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El jueves 8 me levanté temprano y preparé las cosas para pasar los próximos días en Asturias con Mikel, Anja, Javi, Andrés y Kaori. Conduje hasta Bilbao y aparqué el coche en Barakaldo. Mikel me recogió, pasamos a buscar a Anja y salimos los tres en el coche de Mikel hacia Llanes. Llegamos algo tarde y con hambre, así que paseamos un poco por el pueblo y nos metimos en un sitio a comer un plato combinado. Más tarde condujimos hasta Naves y fuimos a ver la Playa de Gulpiyuri, una pequeña pero atípica y curiosa playa que se encuentra localizada tierra adentro, rodeada de verdes prados y bañada indirectamente por el mar a través de los huecos formados por los acantilados. Más tarde condujimos hasta la Playa de Guadamía para ver los Bufones de Pría, unas grietas en la roca de la costa conectadas al mar por las que el oleaje expulsa agua pulverizada a gran altura produciendo un característico silbido (o bufido). Finalmente llegamos a la casa rural que habíamos alquilado en Villanueva de Pría, preparamos la cena y nos fuimos a acostar pronto.

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El viernes 9 nos levantamos temprano y nos fuimos Mikel, Javi, Anja y yo hasta Sotres (1.047m), donde dejamos el coche sobre las 10:45 y comenzamos a ascender hacia el Refugio Urriellu (1.903m), a los pies del Naranjo de Bulnes. Es un recorrido muy bonito y muy bien señalizado. Algo antes de llegar comenzamos a encontrar nieve. Llegamos al refugio sobre las 13:30 y nos quedamos dentro alrededor de una hora, comiendo algo y secando la ropa al fuego de la chimenea, donde el guarda nos llamó la atención por intentar meter más troncos. Curiosamente, encontramos allí a una pareja amigos de Javi. Salimos del refugio sobre las 14:30 con intención de coger otra ruta para bajar hacia Bulnes y de ahí a Poncebos. Pero nos confundimos de camino justo al salir y comenzamos a andar mucho más alto. Al tiempo nos dimos cuenta y decidimos bajar monte a través para dar con el sendero. La bajada se demoró bastante, ya que era todo roca nevada. Javi y Anja iban especialmente despacio. Tras largo rato bajando, incluyendo un divertido descenso por un pedregal, recuperamos el camino.

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Habíamos perdido mucho tiempo y Mikel estaba preocupado por la falta de luz. Queríamos ver las luces de Bulnes antes de que se hiciera de noche, pero no hacíamos más que bajar y bajar y no veíamos nada. Hacia las 17:30 hablamos Mikel y yo mientras esperábamos a Javi y Anja y decidimos separarnos. Sólo teníamos mi frontal y se estaba haciendo de noche. Mikel pensó que sería mejor que uno de los dos se adelantara para reunirse con Andrés y Kaori e ir a buscar el coche a Sotres para estar de vuelta en Poncebos antes de que el resto bajara. Así que yo me adelanté y Mikel se quedó el frontal para ir bajando los tres con él.

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Comencé a bajar rápido y enseguida se hizo de noche. No se veía prácticamente nada, pero podía ir bajando con cautela. Ni siquiera la luna había salido todavía. Al rato de recorrer el sendero comencé a ver las luces de Bulnes. Logré bajar ladera abajo, cruzar el río y llegar al pueblo, por el que pasé rápidamente. A partir de este punto me relajé algo más, ya que ya conocía el camino. Pasé por delante del funicular y tomé el sendero que baja a Poncebos. En el camino adelanté a una pareja que bajaban con frontal. Me preguntaron si quería ir con ellos, pero les dije que tenía prisa. Casi antes de llegar sonó mi teléfono. Era un número fijo. Andrés me estaba llamando desde un bar de Poncebos. Le dije que me había adelantado y que estaría allí en unos quince minutos.

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Seguí bajando y a los quince minutos llegué a Poncebos. Andrés y Kaori estaban esperando al lado de la carretera. Les conté lo sucedido mientras conducíamos hacia Sotres a por el coche de Mikel. Después ellos se fueron hacia Pría, para poder comprar algunas cosas de camino, y yo anduve unos veinte minutos más por pista hasta donde habíamos dejado el coche. Justo al llegar allí recibí otra llamada, del mismo número fijo. Me extrañé al principio, ya que no esperaba que los demás hubieran bajado tan rápido. Había calculado que tardarían alrededor de una hora más que yo y no había pasado tanto tiempo. Era Javi, me decía que estaban en el bar de Poncebos. Le dije que estaba de camino. Extrañado, conduje de vuelta.

Cuando llegué a Poncebos Mikel estaba muy nervioso. Resulta que ellos habían cogido el funicular para bajar y no imaginaban que yo hubiera llegado tan rápido, por lo que pensaron que me había pasado algo, ya que a ellos les costó un montón bajar con frontal y yo no llevaba. Finalmente aclaramos el malentendido, nos tomamos una cervecita en el bar y condujimos hasta la casa rural. Cenamos, estuvimos un rato de tertulia y nos volvimos a acostar pronto.

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El sábado 10 hicimos un paseo costero desde Poo hasta Celorio, pasando por las playas de Poo, San Martín y Palombina. Hay unas playas preciosas por toda esa zona, repletas de entrantes en los acantilados y pequeños islotes. Después cogimos el coche hasta el puerto de Barro y desde allí caminamos por las playas de Niembro y Torimbia. En esta última estuvimos jugando un rato a ver quién tiraba piedras más lejos y Andrés se cayó de espaldas al intentar subir al puesto del socorrista. Desde allí volvimos por pista hacia Niembro. Por la noche cenamos, vimos el partido Madrid-Barça tomando unos gin tonics y después jugamos al Trivial Pursuit y a la Escoba hasta tarde.

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El domingo 11 por la mañana recogimos la casa y la dejamos hacia las doce. Condujimos hasta Ribadesella y estuvimos paseando por la Playa de Santa Marina. Pese a ser un pueblo costero sin nada aparentemente especial, se respiraba un ambiente muy pijo. Después fuimos a comer algo a un merendero cercano y más tarde cogimos carretera hacia Bilbao. Nuestra intención era parar en Comillas, pero se desviaba mucho del trayecto, así que finalmente decidimos parar en Santander. Estuvimos paseando desde la Playa del Sardinero hasta la Península de la Magdalena, donde vimos focas, pingüinos y barcos antiguos. De vuelta pasamos por la Playa del Camello, llegamos al coche y nos despedimos. Anja, Mikel y yo nos fuimos hacia Bilbao, y Javi, Andrés y Kaori hacia Donosti. En Bilbao me despedí de Anja y Mikel y conduje hasta Haro, donde llegué bastante tarde.

Han sido cuatro días de mar y montaña, con día de cierta tensión incluido, afortunadamente con final feliz, y paseos costeros por preciosas playas y acantilados disfrutando y riendo un montón en buena compañía.

Más

Puente en Asturias — 8-11/12/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
puente de la inmaculada constitucion — Álbum de fotos de Mikel en Flickr.
asturias puente inmaculada constitucion — Álbum de fotos de Mikel en Google+.
Asturias 8 – 11 Dec 2011 — Álbum de fotos de Anja en Picasa.
Deciembre 2011 — Álbum de fotos de Kaori en Facebook.
ASTURIAS DICIEMBRE 2011 — Álbum de fotos de Javi en Picasa.

Referencias

Refugio de Urriellu — Descripción aproximada de la ruta de montaña.

Puente en Soria · 28/10-1/11/2011

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Los últimos cuatro días he estado de puente en Soria, en una casa rural con unos cuantos amigos, subiendo montes, visitando pueblos y pasándolo genial.

El viernes 28 preparé de nuevo la mochila, tras los días de vacaciones, y sobre las ocho fui a la estación de autobuses a esperar a Simone y a Anja, que venían desde Vitoria. Desde allí salimos directos hacia Ausejo de la Sierra, un minipueblo unos 20 Km al norte de Soria capital. Llegamos sobre las diez y nos reunimos con Paula, Gonzalo, Xarli, Andrés, Diana y Giancarlo, que ya estaban en el bar del restaurante, en el mismo edificio que la casa rural, de los mismos propietarios. Tomamos un par de cervezas y enseguida llegó Mikel. Subimos todas las cosas a las habitaciones y comenzamos a hacer la cena. Al hacer la compra había metido unas cuantas cosas en el frigorífico, entre ellas unas pizzas que con las prisas me olvidé de llevar, así que improvisamos unas tortillas con ensalada. Después de la cena estuvimos un largo rato de charla, bebiendo vino.

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El sábado 29 por la mañana condujimos hacia Ucero, desde donde iniciamos una marcha por el Cañón del Río Lobos. El sendero es prácticamente llano, transcurriendo por un cañón de no mucha altura a lo largo del río. El río no tenía mucha agua, y el sendero resultó bastante monótono. La idea inicial era hacer unos 11 Km entre ida y vuelta, pero acabamos haciendo unos 22 Km, yendo hasta el Puente de los Siete Ojos, pasando por la Ermita de San Bartolomé y por un par de pequeñas cuevas. El sendero se puede hacer completamente en bici, lo que hubiera resultado mucho más divertido. El plan para el día era no andar mucho y visitar un par de pueblos más tarde, pero como se hizo tarde visitamos únicamente Burgo de Osma, un pueblo con un casco antiguo bastante interesante. Allí compramos mantequilla dulce y paseamos por callejuelas y plazas. Cuando se hizo de noche volvimos a la casa rural y preparamos pasta con salsa para cenar. Después de la cena estuvimos de nuevo largo rato de tertulia, bebiendo cerveza.

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El domingo 30 nos levantamos pronto para hacer la salida más importante, la subida al Moncayo (2.316m), el monte más alto de Soria y Zaragoza. Mikel, Xarli, Paula y yo nos levantamos un par de horas antes que los demás para conducir hasta Litago (781m) y hacer un par de horas más de recorrido. Llegamos a Litago y comenzamos a caminar por pista y más tarde por un sendero no demasiado claro a través del bosque. El día salió estupendo. En un par de horas llegamos a la Fuente de los Frailes (1.349m), donde todos los demás acababan de llegar. Desde allí empezamos a ascender, primero por bosque y luego por un pedregal hasta el Santuario del Moncayo, desde donde ya cogimos sendero normal, plagado de personas, hasta la cima. Llegamos en un par de horas más los más rápidos y esperamos una media hora al resto. Comimos algo allí, guarecidos del frío viento, nos sacamos unas fotos y comenzamos a bajar, esta vez rodeando el monte en lugar de utilizar el sendero habitual. Cortamos primero monte a través, atravesando arbustos para pasar por un collado sin descender, y luego por un pinar y un pedregal hasta encontrar el sendero de bajada. Diana, Giancarlo, Anja y Mikel decidieron no atravesar el pinar y descender por otro sendero. Afortunadamente todos llegamos sin problemas a la Fuente de los Frailes. Desde allí, como se nos hacía de noche, Paula, Xarli, Mikel y yo salimos rápido a hacer el camino de vuelta a Litago, para superar el tramo de bosque antes de quedarnos sin luz. Desde Litago condujimos hasta la casa rural, donde ya estaban los demás, preparamos unos garbanzos con verduras, bebimos unos cuantos gin tonics y de nuevo nos quedamos de tertulia durante unas horas.

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El lunes 31 nos levantamos con calma y condujimos hasta el Aparcamiento de Laguna Negra (1.800m), cerca de Vinuesa, donde llegamos hacia las 11:30. Desde allí comenzamos a caminar hasta la Laguna Negra por una carretera cerrada al tráfico pero que es transitada por un autobús que lleva a turistas desde el aparcamiento. La Laguna Negra es una zona de postal, muy turística. Hay camino vallado por todo el recorrido, muy bien señalizado. También hay una escuela de escalada con innumerables vías. Escalar en este enclave en un día soleado tiene que ser alucinante. Desde allí comenzamos a ascender por una senda que afortunadamente es lo suficientemente vertical como para ahuyentar a los turistas, dirección a la Muela de Urbión (2.228m). El camino está muy bien señalizado y estaba bastante transitado. Llegamos a la cima alrededor de las 14:30. Es un recorrido sencillo pero muy bonito. Sacamos unas fotos en la cima y descendimos hasta la primera cruz para comer unas tortillas de patata que había preparado Gonzalo, guarecidos del frío viento. Rato después comenzamos a descender por el mismo camino, de regreso a Laguna Negra y luego al aparcamiento. Allí cogimos los coches y condujimos hasta Vinuesa, un pueblo pequeño pero de cierta importancia turística debido al embalse cercano, con un casco antiguo muy bonito. Dimos una vuelta por sus calles, tomamos algo, compramos algunas cosas para la cena y volvimos a la casa rural. Esa noche cenamos arroz con verduras y champiñones, y estuvimos de nuevo de tertulia bebiendo gin tonics, vino y cerveza hasta que consumimos todo el alcohol.

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El martes 1 nos levantamos sin prisas, desayunamos y nos fuimos de visita a Soria. Diana y Giancarlo se despidieron porque querían ver unas cosas por su cuenta. El resto llegamos a Soria, dimos una vuelta por la alameda y estuvimos tomando unos pinchos por los bares del casco antiguo. Más tarde nos reunimos con Vanesa y Aitor, unos amigos de Gonzalo que nos enseñaron el resto del casco antiguo, y que nos recomendaron un sitio para comer llamado La Casa del Guarda, a las afueras de Soria en una zona llamada Valonsadero. Nos acompañaron hasta allí pero no se quedaron a comer. Tomamos algo con ellos y se despidieron. El resto comimos a base de carne, ensaladas y huevos con patatas. Un sitio plagado de gente, con buena comida. Después de comer, nos despedimos y cada uno tiró para su casa. Simone se vino conmigo. Llegamos a Haro hacia las 18:30 pensando que había una autobús a Vitoria a las 19:00, pero hasta las 20:30 no era el próximo, así que nos vinimos a casa a cenar algo y charlar un rato mientras esperábamos. Más tarde llevé a Simone de nuevo a la estación y me despedí.

Más

Puente en Soria — 28/10-1/11/2011 — Álbum de fotos en Picasa.
puente de difuntos — Álbum de fotos de Mikel en Flickr.
puente de difuntos en Soria — Álbum de fotos de Mikel en Picasa.
Soria 28 Okt. – 01 Nov. 2011 — Álbum de fotos de Anja en Picasa.
SORIA Octubre 2011 — Álbum de fotos de Diana en Facebook.

Referencias

Casa Rural Cándido — La casa rural en la que nos alojamos.
El Cañón del Río Lobos
— Información sobre el Cañón del Río Lobos.
Moncayo/San Miguel (2.316m) — Descripción del Moncayo en Mendikat.
Litago – Moncayo — Track de referencia en Wikiloc para subir al Moncayo desde Litago (nos perdimos un poco y seguimos el camino a nuestro aire otro poco).
Moncayo — Track de referencia en Wikiloc para bajar del Moncayo rodeándolo, en lugar de volver por el camino habitual (algunos tramos transcurren por pedregal sin ningún tipo de senda).
Viento en el Moncayo — Vídeo en YouTube sobre el famoso viento en el Moncayo (nosotros no lo sufrimos tanto).
Urbión, Muela de (2.228m) — Descripción de la Muela de Urbión en Mendikat.
Urbión — Track para subir a la Muela de Urbión desde el Aparcamiento de Laguna Negra (aunque el camino no tiene pérdida).
Laguna Negra y Pico Urbión — Descripción de la ascensión a la Muela de Urbión desde Laguna Negra (nosotros volvimos por el mismo camino).

Vacaciones por Cáceres, Salamanca y Valladolid · 22-27/10/2011

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Finalmente he cogido toda esta semana de vacaciones. He estado hablando estos días sobre ello con Diego y hemos decidido quedar en el pueblo el fin de semana para vernos y subir algún monte.

Así que el sábado 22 preparé las cosas y bajé en coche hasta Casas del Monte. Llegué sin prisas, por la tarde. Abel y Lara se habían subido también con Diego desde Badajoz. Fuimos a cenar los cuatro al albergue, tranquilamente, y nos acostamos pronto para madrugar al día siguiente y subir al Camocho, aunque la previsión del tiempo no era nada buena.

El domingo 23 nos levantamos pronto y efectivamente estaba lloviendo y había muchas nubes bajas, así que nos quedamos en casa, desayunando y charlando tranquilamente. Ellos se fueron antes de comer de vuelta a Badajoz y yo llamé a Jose Luís y fuimos al albergue a tomar algo. Después me quedé el resto del día organizando las vacaciones, ya que había salido de casa sin tiempo de hacerlo antes.

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El lunes 24 me levanté temprano y conduje hasta la Plataforma de los Traviesos (1.900m), un aparcamiento al final de una carretera que sale desde Candelario, un pequeño pueblo cerca de Béjar, en Salamanca. No se veía prácticamente nada, la niebla era muy densa pero dejó de llover, así que decidí comenzar a andar esperando que el tiempo mejorara un poco, o que al menos no se pusiera a llover de nuevo. Eran las 12:30. Comencé la ruta por el sentido opuesto al marcado en el track y me metí directamente en una zona de arbustos por la que era prácticamente imposible caminar. Estuve intentando buscar una senda durante largo rato, hasta que me di cuenta de que estaba en la vuelta y decidí volver al aparcamiento. En total perdí cerca de hora y media. Desde el aparcamiento encontré fácilmente el sendero hacia la cima y comencé a ascender. La ascensión es tranquila y el sendero está muy bien marcado. Una vez arriba llegué enseguida al Calvitero (2.401m), el cual casi paso de largo debido a la niebla. Saqué un par de fotos y continué por la cresta. Hacía un viento muy frío. Tras un rato cogí un desvío hacia la segunda (y más alta) cima, el Canchal de la Ceja (2.435m), el monte más alto de Salamanca. Hice otro par de fotos y bajé de nuevo al sendero para continuar hacia la tercera cima, el Torreón (2.401m), el monte más alto de Cáceres. Este último me costó encontrarlo. Tuve que bajar por una ladera y rodear el monte por una zona bastante escarpada, más o menos intuyendo el camino, ya que el GPS no funcionaba del todo bien. Finalmente lo encontré (es un torreón de piedra de unos cuatro metros de altura con un vértice geodésico en lo alto). Hice otras fotos y cogí el camino de vuelta. No quería volver por donde había venido, así que consulté el GPS para intentar no perderme. No obstante, tras unos 500 metros me di cuenta de que iba en dirección totalmente opuesta (es muy fácil desorientarse con niebla). Intenté tomar la dirección correcta rápidamente y me metí en una zona de nuevo escarpada en la ladera. No sabía dónde estaba y la batería del teléfono se estaba agotando. En esos momentos lo pasé un poco mal, hasta que finalmente encontré el camino que había recorrido anteriormente y me relajé un poco. Intenté hacer toda la vuelta prestando mucha atención a los hitos, andando deprisa porque hacía mucho frío. Tras largo rato recorriendo la cima, comencé la bajada por la ladera hacia el aparcamiento. La vegetación comenzó a aparecer y en un momento incluso el cielo se despejó y pude contemplar el paisaje y disfrutar de la puesta de sol. Hice unas cuantas fotos más antes de llegar al aparcamiento, sobre las 19:30, ya anocheciendo. Tenía las botas totalmente caladas. Me cambié en un momento pero me quedé frío enseguida. Puse la calefacción del coche a tope y conduje hasta Vallejera de Riofrío, un pueblo también cerca de Béjar donde había visto que había un albergue. Al llegar pregunté a unas personas y me dijeron que el albergue estaba cerrado, así que decidí volver al pueblo y dormir allí, ya que estaba sólo a unos 40 Km.

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El martes 25 salí de nuevo temprano, esta vez con la intención de volver por la noche. Mi idea inicial era pasar la noche cerca de El Barco de Ávila para subir el miércoles el Almanzor, pero la previsión del tiempo no era nada buena. Conduje hasta Puerto Castilla, un pequeño pueblo cerca de El Barco de Ávila, también en Salamanca, por la misma zona que el día anterior. Desde el pueblo metí el coche por una pista en el límite de lo recomendable, hasta que llegué a un punto unos 2 Km al SE en el que había una valla (1.387m). Desde allí comencé a ascender a pie por la misma pista atravesando un pinar, dirección a la Covacha (2.395m). Eran las 11:30. El cielo estaba nublado pero no hacía tanto viento como el día anterior, así que la temperatura era agradable. De nuevo di un par de pequeños rodeos al salir del pinar, pero encontré camino enseguida. Todo pista evidente hasta llegar a la Laguna del Barco, que rodeé por la derecha en lugar de por la izquierda porque no pude cruzar el río por ningún sitio debido a la cantidad de agua que llevaba. Comenzó a nevar. Al final de la laguna se veían unas paredes muy verticales, nevadas y cubiertas por nubes. No estaba seguro de continuar con tan mal tiempo, pero seguí avanzando. Comencé a ascender por las paredes y ni siquiera podía ver cuál era la cima. La laguna está a 1.800m de altitud, así que calculé que todavía tenía que superar 600 metros de desnivel. Miraba hacia arriba y veía picos realmente altos. Aun así iba salvando el camino sin complicaciones. Excepto un paso en el que bajar hubiera sido complicado, el resto transcurría entre rocas nevadas por las que se andaba bien, aunque había que hacerlo despacio y con cuidado. Seguí subiendo y subiendo. En un momento dejé de ver hitos y tuve que subir por donde me pareció. Estaba nervioso por el hecho de estar tan alto, con tan mal tiempo y subiendo monte a través, pero por otra parte lo único que podía hacer llegado ese punto era encontrar la cima, y en ningún momento el camino se puso realmente complicado. Casi arriba las nubes se despejaron un poco y pude ver la cima, todavía un poco lejos pero con muy buen aspecto. Seguí subiendo hasta conectar con el track del GPS, llegué a un pequeño collado y desde allí a la cima, señalada con un vértice geodésico que tenía mucha nieve. Dejé los guantes e hice unas fotos. No estuve más de cinco minutos, pero en ese tiempo los guantes se habían congelado. Comencé a bajar por el lado contrario, confiando en que no fuera tan escarpado como el de la subida. Afortunadamente no lo era. Seguí bajando, tranquilamente, siguiendo el track. O eso pensaba. En un momento se volvió a despejar de nuevo y vi un lago abajo. Pensé que era la Laguna del Barco, así que comencé a bajar siguiendo unos hitos. Pero no podía reconocer el paisaje del todo. Casi abajo el GPS volvió a funcionar y me di cuenta de que prácticamente me había salido del mapa. Esta era otra laguna y tenía que volver a subir un collado para retomar el camino correcto. Bajé, volví a subir, llegué al collado y decidí rodear el monte para retomar el camino en su lado opuesto. Finalmente vi otra laguna y esta vez sí reconocí el paisaje. Comencé a bajar muy despacio, ya que la roca estaba mojada y resbalaba bastante. Aunque parecía estar cerca, tardé largo rato en bajar. Una vez allí me relajé y comencé a andar en llano, rodeando la laguna de nuevo por el mismo camino. Tras dejar la laguna atrás, seguí la larga pista hasta el pinar. Bajé por éste, de nuevo por pista, hasta llegar al coche. Eran las 19:30 y ya había comenzado a oscurecer. Me cambié, puse de nuevo la calefacción del coche a tope y conduje hasta el pueblo.

El miércoles 26 me levanté sin prisas, ya habiendo decidido el día anterior dejar el Almanzor para otro momento debido al mal tiempo. Comí tranquilamente, repuse fuerzas, limpié la casa y conduje hacia Salamanca. Allí aproveché para comprar un par de cosas en Decathlon y Forum. Más tarde llamé a Francis y nos reunimos por allí. Le acompañé a comprar un par de cosas, luego fuimos al supermercado y más tarde a su casa. Enseguida llegó Horten con los niños. Charlamos un rato, cenamos todos juntos y vimos la tele un rato más antes de dormir.

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El jueves 27 estuve otro rato con Francis y a media mañana me despedí y conduje dirección Valladolid, hacia Castrillo de Duero (796m). Desde allí sale una pista que tiene una pequeña subida al principio y que luego continúa totalmente llana por la meseta. En alrededor de hora y media llegué al Cuchillejo (934m), el punto más alto de Valladolid. No se puede considerar un monte propiamente dicho, es simplemente un bloque de piedras con un vértice geodésico en mitad de un prado. Hice un par de fotos y anduve unos cientos de metros más hacia el Robleñada (931m), no el punto más alto pero tal vez el más representativo por encontrarse íntegramente en la provincia, ya que Cuchillejo linda con Segovia. Allí encontré un bloque con una chapa. Hice un par de fotos y comencé deprisa la vuelta, ya que se avecinaba una tormenta. El recorrido es muy sencillo. Tardé unas dos horas y media en volver de nuevo al coche, pero se me hizo un poco pesado porque no me encontraba bien del estómago. Una vez en el coche, conduje de vuelta a Haro.

Más

Vacaciones por Cáceres, Salamanca y Valladolid — 22-27/10/2011 — Álbum de fotos en Picasa.

Referencias

Calvitero (2.401m) — Descripción del Calvitero en Mendikat.
Canchal de la Ceja (2.435m) — Descripción del Canchal de la Ceja en Mendikat.
Canchal de la Ceja, El Torreón, Calvitero — Descripción de la ascensión a estas tres cimas (incluye además notas sobre nombres locales y fronteras).
Covacha (2.395m) — Descripción de la Covacha en Mendikat.
Cuchillejo (934m) — Descripción del Cuchillejo en Mendikat.
Robleñada (931m) — Descripción del Robleñada en Mendikat.
Travieso – Calvitero – CANCHAL CEJA – TORREÓN © Ima 2007
— Track de referencia en Wikiloc para ascender al Calvitero, Canchal de la Ceja y Torreón (volví por el mismo camino de ida).
Covacha desde Puerto Castilla — Track de referencia en Wikiloc para ascender a la Covacha (en algún punto de la falda perdí los hitos y subí y bajé monte a través).
Cuchillejo (933 mts) – Robleñada (927 mts) (Valladolid) — Track en Wikiloc para llegar al Cuchillejo y al Robleñada.

Vacaciones en Noruega, Suecia y Holanda · 28/8-11/9/2011

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Las últimas dos semanas he estado deambulando por Noruega, Suecia y Holanda en plan mochilero, y aunque he viajado solo, he estado casi siempre acompañado. Han sido unas vacaciones realmente geniales.

El domingo 28 salí para Madrid y me encontré con Carlos. Nos estuvimos bañando en su piscina, luego fuimos a visitar una Apple Store, y por la noche cenamos algo y nos tomamos unas cuantas cervezas en una terracita. Por la noche dormí en su casa.

El lunes 29 Carlos me llevó al aeropuerto y volé hacia Oslo. El tiempo allí, aunque nublado y un pelín lluvioso, era mucho mejor de lo que esperaba. Del aeropuerto de Rygge a Oslo hay unos 60 Km, así que es necesario coger un autobús que sale media hora después de la llegada de cada vuelo. Cuando llegué a Oslo fui directamente a la Oficina de Turismo a pedir un mapa y preguntar por la calle donde me iba a alojar. Oslo es relativamente pequeño, así que pude ir caminando. Para el lunes tenía couch en casa de Kjersti, una chica que tiene un apartamento en Oslo en el que no está nunca, aunque aloja couchsurfers allí. Algo insólito. Recogí las llaves en un deli cercano y al entrar en el apartamento me encontré con un tipo canadiense que al instante me ofreció un trago de whisky. Más tarde nos fuimos los dos, junto con un pintor serbio que no hablaba inglés, a dar un paseo hasta el Parque Vigeland, repleto de estatuas de figuras humanas. Al volver charlamos y bebimos de nuevo whisky junto con una pareja de franceses que estaba ocupando otra habitación. Tuve que compartir espacio con el canadiense, así que me tocó dormir en el suelo.

El martes 30 me levanté temprano y salí a correr por la ciudad. Oslo no tiene mucho que ver, incluso si decides visitar museos. Más tarde me di un paseo hasta la estación para comprar el billete hacia Voss para el día siguiente. Kjersti me había dicho que me podía quedar un par de días en su apartamento, pero había recibido respuesta a otra petición. Rasmus me dijo que podía dormir en su casa, y que además iría al meeting de CouchSurfing que se había organizado por la tarde, así que me fui hacia su casa, dejé la mochila, charlamos un rato y nos fuimos directamente al bar donde había unas 140 personas. Por alguna extraña razón, el meeting mensual al que solían asistir unas 25 personas esta vez se había masificado. La cerveza en Noruega es extremadamente cara, pero aun así nos bebimos unas cuantas. Hablé con varias personas, incluida alguna chica española. También con Rasmus y sus amigos durante largo rato, y sobre las doce nos fuimos a dormir.

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El miércoles 31 me levanté muy temprano, hacia las cinco, caminé hacia la estación y cogí el tren para Voss. Hace un recorrido precioso entre las montañas, deteniéndose en Myrdal para esperar al otro tren que sube desde los fiordos lleno de turistas ruidosos y maleducados. Al llegar a Voss fui directamente a la Oficina de Turismo para preguntar por algo que hacer, ya que tenía que esperar a Simone durante unas cuantas horas. Me dijeron que había una bonita cascada a unos tres kilómetros, así que decidí ir incluso cargado con la mochila. Hice unos cuantos kilómetros de más monte arriba, ya que cogí un camino diferente casi al llegar. No obstante, tuve la oportunidad de ver Voss desde la altura. Al bajar caminé de nuevo hacia la Oficina de Turismo y me reuní con Simone. Fuimos a comprar algo al supermercado para la excursión del día siguiente y cenamos una ensalada en su casa.

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El jueves 1 salimos temprano para coger el autobús que nos llevaría de Voss a Nærøydalen. Desde prácticamente el nivel del mar ascendimos por una pista cruzando un par de túneles totalmente a oscuras, solamente con la luz del móvil, hasta llegar a un pequeño pueblo. Simone se paraba a hablar con todo el mundo para practicar su noruego. Un poco más adelante dejamos la pista y empezamos a ascender por el monte. Tras un par de horas llegamos a un valle en el que había unas cuantas cabañas (muy típicas en Noruega, llamadas “cabins” en inglés). Cruzamos el valle por un terreno bastante encharcado y ascendimos hasta el Bakkanosi (1.398m). Casi arriba empezamos a ver unos cuantos neveros y la vegetación se volvió más escasa. No fue hasta llegar a la cima que pudimos contemplar las impresionantes vistas del fiordo (Nærøyfjord, el más estrecho del mundo). Sacamos unas cuantas fotos, comimos algo y bajamos. A la vuelta Simone estaba muy cansado, así que decidimos hacer autoestop desde el poblado. Al momento nos paró una pareja que nos llevó los tres kilómetros hasta la parada del bus. ¡Casualmente ella era española, de Burgos! Decidimos volver a hacer autoestop en la parada, ya que teníamos que esperar casi dos horas al siguiente bus. Simone dijo que en Noruega era difícil que te pararan, pero a los dos minutos un tío bastante peculiar nos recogió y nos llevó hasta el mismo Voss. En Voss compramos algo en el súper con el dinero que nos habíamos ahorrado del autobús y esa noche cenamos pasta y bebimos cerveza. Un día realmente único.

El viernes 2 salí a correr por la mañana. Corrí casi una hora y media porque quería rodear el lago. Al final me pareció demasiado y di la vuelta. Simone ya se había levantado cuando llegué. Desayunamos y se fue a hacer algunos recados. Al volver preparó patatas con setas y después estuvimos toda la tarde tirados, viendo las fotos en el ordenador, horarios de trenes, etc. Más tarde Simone se fue a trabajar y yo seguí organizando el viaje. Por la noche, hacia las nueve, me llamó para decirme que ya había terminado. Bajé al restaurante donde había estado trabajando ese día y estuvimos jugando unas partidas de billar y bebiendo unas cervezas con dos de sus compañeros, el chef y el lavaplatos, simpáticos, sencillos, bonachones y muy noruegos. A las doce de la noche me despedí un poco borracho (Simone lo estaba ya totalmente) y cogí el tren hacia Oslo que llegaría a las seis de la mañana. Dormí plácidamente en los asientos, dentro de lo que cabe, en el viaje más caro de todas mis vacaciones (el siguiente tren de las nueve de la mañana ya estaba completo).

El sábado 3 llegué a Oslo muy temprano y dormí un rato más en los bancos del interior de la estación. El tren hacia Estocolmo no salía hasta las tres de la tarde, así que tenía tiempo de sobra. Tras dormir un par de horitas, decidí salir a pasear de nuevo por la ciudad. Visité durante varias horas la parte del muelle, el Edificio de la Ópera y la Fortaleza de Akershus, con la mochila a cuestas. A las tres cogí el tren hacia Estocolmo, que llegó bastante tarde, sobre las diez. Siendo sábado, la zona cercana a la estación estaba llena de locales exclusivos llenos de gente de fiesta. La Oficina de Turismo estaba cerrada a esas horas, así que me orienté más o menos por las indicaciones que recibí cuando hice la reserva del hostel. Llegué enseguida y me eché a dormir.

El domingo 4 salí a conocer la ciudad. Primero fui a la Oficina de Turismo a por los típicos mapas y a preguntar sobre las zonas turísticas. Por lo visto todo se concentra en tres pequeñas islas en el centro de la ciudad. Estuve paseando durante todo el día, prácticamente visitando sólo una de ellas, Gamla Stan, llena de callejuelas entre antiguas casas repletas de restaurantes. Muy bonita. Al mediodía pasé por una calle en el centro con puestos de comidas típicas del mundo. Iban a estar allí dos semanas. Estuve bastante rato disfrutando del ambiente, comiendo patatas con verduras y tartas de chocolate. Por la tarde fui a un meeting de CouchSurfing. Estuve hablando con un montón de personas, preguntando sobre cosas que hacer en la ciudad y charlando sobre todo un poco. Al despedirnos, resulta que había una chica francesa viviendo en Irlanda y un chico marroquí que también estaban de vacaciones, cada uno por su lado, casualmente alojados en el mismo hostel que yo. Nos juntamos los tres y nos fuimos a buscar algo de comer. Como ella también era vegetariana y él musulmán, nos fue un poco difícil encontrar algo preparado, así que finalmente compramos un poco de pasta y salsa de tomate y Zoé la preparó en el hostel. Rica y barata.

El lunes 5 conocí a un chico de Guinea mientras desayunaba. Él acababa de llegar y estaba ansioso por tener a alguien con quien descubrir la ciudad, pero a mí me apetecía salir solo. Esta vez fui hacia las dos islas restantes, mucho más grandes y más lejanas. Anduve bastante durante todo el día, pero fue bonito pasear por las calles y los parques con calma, escuchando música. Por la noche empecé a hablar con una chica de Ibiza, y hablando y hablando supe que casualmente es amiga de toda la vida de Lore. ¡Menuda coincidencia!

El martes 6 salí por la mañana a correr por la ciudad y por la tarde cogí un tren a Järna, un pueblo 50 kilómetros al sur de Estocolmo donde en una aldea cercana vivían una pareja muy interesante, Romuald y Petra, veganos y activistas de la naturaleza y el medio ambiente, a quienes les pedí couch. Tenía ganas de salir de la ciudad y visitar las afueras, así que me vino perfecto. Romuald me fue a buscar a la estación y me llevó hasta el eco-pueblo donde vivían, llamado Charlottendal. Fui a recoger bayas con ellos en bici, con las que luego harían mermelada. Después tomamos sopa y más tarde salí otro rato yo solo, de nuevo en bici, a explorar los alrededores. Fue magnífico recorrer todas esas pistas de noche, con tan sólo la luz de un frontal en mi cabeza, atravesando frondosos bosques. A la vuelta estuvimos tocando Romuald y yo la guitarra, más tarde le acompañé con la guitarra mientras él improvisaba con el acordeón, y después cenamos. Tras la cena Petra me explicó los fundamentos del yoga.

El miércoles 7 el tiempo no acompañaba demasiado. Aproveché para hacer algunas cosas con el ordenador y a última hora de la mañana salí un rato a dar un paseo con el chubasquero. A la vuelta dejó de llover, así que decidí caminar durante media hora hacia la estación (Petra se había ofrecido a llevarme en coche). Cogí el tren de vuelta hacia Estocolmo, de ahí un autobús hacia el aeropuerto, y el avión hacia Eindhoven, donde llegué hacia las nueve. Casualmente me encontré en el avión con Alexis, un tío con el que había estado hablando en el hostel de Estocolmo. Nos juntamos con otro chico más al coger el autobús hacia el centro y al llegar nos despedimos. No obstante, le pedí el teléfono a Alexis para ir al día siguiente a un coffee shop si teníamos tiempo. Al llegar a la Estación Central intenté encontrar el tren para ir a casa de Ruth, mi host en Eindhoven, pero no localizaba la estación en la que tenía que bajar. Llamé a Ruth y me dijo que me pasaba a recoger. Me llevó a su casa y estuvimos tomando una cerveza, hablando y riendo hasta más tarde de la una.

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El jueves 8 me levanté temprano con la intención de salir a correr, pero Ruth se levantó un poco más tarde y me dijo que ella tenía que salir a hacer cosas y que era mucho lío el tema de las llaves, así que me di una ducha rápida y me marché. Llamé a Alexis para ver dónde andaba. Estábamos cerca el uno del otro, así que nos encontramos y nos fuimos a tomar una cerveza. Después nos fuimos a un coffee shop. Alexis pidió un “Space Cake”, un pastel de chocolate preparado con marihuana, y yo pedí un porro de marihuana suave. Alexis se comió el pastel de dos bocados y a los dos minutos no podía parar de reír. Luego se le pasó y a la hora volvió a reírse a carcajadas. A mí el porro me estaba sentando bien, como mi maría. Él en cambio, a la hora y media, estaba muy colocado. Empezó a preocuparse porque tenía que coger un avión más tarde hacia Londres y cada vez estaba peor, así que salimos a dar un paseo, que agravó la situación. Llegó un momento en que se quedó parado durante minutos en la calle porque no se atrevía a cruzar un charco, mirando a un camión de la limpieza que pasaba cerca suyo. Yo mientras tanto estaba preguntando a unos policías por una tienda de patatas fritas cercana que había visto en una guía. Tras despedirse, los policías fueron hacia Alexis y en un momento temí que le pudieran decir algo, ya que estaba totalmente petrificado en medio de la plaza, con una cara de colocado que se notaba a distancia. Finalmente no ocurrió nada. Fuimos hasta la estación comiendo patatas y allí me despedí de Alexis, diciéndole que si le ocurría algo que me llamase. Más tarde cogí un tren a Amsterdam. Llegué por la tarde y llamé a Txe, quien me dijo que me esperaba en mi hostel. Tuve que andar largo rato hacia allí. Era un hostel bastante cutre, pero en fin, para dormir… Txe ya me estaba esperando. Nos fuimos a cenar a un restaurante chino-surinamés que le habían recomendado y luego nos dimos una vuelta por el Barrio Rojo y los alrededores a tomar algo, ver las prostitutas legales (casi todas guapísimas, por cierto) y el buen ambiente. Por la noche el hostel fue un ir y venir de gente metiendo ruido. No pude dormir mucho.

El viernes 9 me levanté, con cuidado de no pisar a un par de tíos extra que estaban durmiendo en el suelo. Desconozco el motivo, tal vez se colaron con algún otro amigo, pero la habitación de diez personas ya era de por sí pequeña y estábamos doce, así que intenté salir de allí lo antes posible. Dejé la mochila en recepción, desayuné y sobre las diez fui a buscar a Txe a su hostel. Estuvimos paseando durante la mañana por distintos barrios de Amsterdam. La verdad es que es una ciudad preciosa, con sus canales y sus casas antiguas. Fuimos a comer a un restaurante thai que le habían recomendado a Txe, y más tarde paseamos dirección a los hostels y ya llegando nos despedimos. Recogí la mochila y volví a la Estación Central, para coger un tren hacia Groningen. Ya iba tarde, llegaría sobre las ocho. Debía cambiar de tren a los quince minutos de salir, pero me quedé dormido y cuando me desperté me había saltado dos estaciones, así que tuve que salir del tren y coger el siguiente en dirección contraria, con tan mala suerte que el revisor me pilló y como no tenía billete para esas dos estaciones me hizo bajar en la siguiente. Total, que tuve que bajarme, comprar el billete y esperar media hora más al siguiente tren (podría haber sido peor, ya que las multas en Holanda por viajar sin billete son de 35€). Finalmente llegué a Groningen a las nueve. Llamé a Karin y le conté lo ocurrido, y le dije que en lugar de ir a su casa primero, podíamos ir directamente a la fiesta con mi mochila. Me recogieron ella, su novio Stefan y su amiga Amanda. Fuimos en dos bicis hasta la fiesta, en un bar. Estuvimos en el bar hablando y bebiendo cervezas unas cuantas horas, y luego nos fuimos a comer un kebab. Más tarde Stefan se fue a casa y las chicas y yo nos fuimos a un club a bailar. La zona estaba bien de ambiente, pero yo iba con la mochila y no la pude dejar en la barra. La tuve que dejar debajo de una mesa, y como el local estaba a reventar, andaba bastante nervioso. Así que estuvimos allí como una hora o así y luego nos fuimos a dormir.

El sábado 10 desayunamos Karin, Stefan y yo juntos. Stefan se fue a trabajar y Karin y yo nos fuimos al centro. Era un día de mercado y además soleado, así que el ambiente era increíble. Karin me enseñó las principales calles y monumentos, compré fresas y las comimos sentados en una plaza, y más tarde comimos unos bocadillos. Ella tenía que trabajar sobre las cuatro, y yo tenía que volver a Amsterdam y el trayecto son unas dos horas y media, así que me despedí y cogí el tren sobre las tres. Llegué a Amsterdam y llamé a Txe para ver si ya había hecho el recorrido en barco con Jessika. Me dijo que se intercambiaron varias llamadas pero Jessika no le volvió a llamar, así que al final había estado haciendo otras cosas. Me fui hacia la pizzería donde se solía reunir la gente de CouchSurfing y dejé la mochila allí, ya que más tarde íbamos a volver por el meeting semanal. Quedé con Txe en la plaza Dam y allí estuvimos escuchando a un grupo tocar en la calle durante un rato. El ambiente era genial, un montón de gente en la calle, ya que era sábado y además el tiempo era inusualmente excelente. Más tarde nos fuimos a pasear por otro barrio y nos tomamos una cerveza al lado de un canal antes de volver a la pizzería. Allí ya había unas cuantas personas y nos sentamos a hablar con ellos. Comimos algo, tomamos unas cuantas cervezas, y más tarde nos fuimos al bar de al lado, donde empezó a llegar mucha más gente. Sachy, de India, mi host para esa noche, ya estaba allí. Txe y yo hablamos con mucha gente mientras nos tomábamos unas cuantas cervezas más. Hacia la una acompañé a Sachy a ampliar el tiempo de parking de su coche y dejé la mochila en el maletero. De ahí nos fuimos unos cuantos a un club a bailar un rato. Hacia las dos nos fuimos a dormir. Sachy vivía bastante lejos del centro, así que tardamos un buen rato en llegar a su casa. Tenía toda la casa en obras. Estuvimos mirando su ordenador para que me explicara los tranvías y trenes que tenía que coger al día siguiente para ir al aeropuerto y más tarde dormí en su sófa.

El domingo 11 me levanté temprano. Sachy todavía estaba durmiendo. Seguí sus indicaciones. Tenía que caminar hasta la estación del tranvía, cogerlo, bajar en otra estación y coger un tren que me llevaría hasta el aeropuerto. Monté con el billete de tranvía en el tren, en el vagón donde casualmente estaba el revisor. No sabía que el billete de tranvía no valía para el tren, así que tuve que pagar 4€ al revisor (no sé si ese sería el precio del billete), y éste me volvió a decir que la próxima vez debería pagar 35€ de multa por viajar sin billete. Llegué al aeropuerto sin más contratiempos y cogí el vuelo hasta Bilbao. De Bilbao un bus hasta Donosti, donde la Amá y Jose me estaban esperando. Pasé un par de horas con ellos, comí algo, y a las seis cogí el bus a Vitoria. Mi coche estaba todavía en el mismo sitio donde lo dejé dos semanas antes. Conduje hasta Haro, llegué a casa, regué las plantas y me senté a descansar después de dos semanas de intensas, emocionantes y estupendas vacaciones.

Más

Vacaciones en Noruega, Suecia y Holanda — 28/8-11/9/2011 — Álbum de fotos en Picasa (algunas fotos por Simone).
Bakkanosi y Nærøyfjord – 1/9/2011 — Álbum de fotos en Facebook. 
Jordalen – Bakkanosi – Nærøyfiord — Álbum de fotos de Simone en Facebook.
Running Activity 11.31 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Oslo.
Running Activity 14.46 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Voss.
Running Activity 11.97 km — Actividad en RunKeeper de la carrera por Estocolmo.
Cycling Activity 12.74 km — Actividad en RunKeeper de la salida en bici de paseo por Järna.

Referencias

Speedriding Bakkanosi – Feel Alive.mov — Salto en parapente desde el Bakkanosi.

© 2010-2019 Ricardo Puerto

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