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Viviendo en Tenerife

La idea asaltó mi mente de una forma muy natural tras regresar de Irán. Allí disfrutamos de un tiempo excelente y al volver nos encontramos con un temporal de lluvia y frío que no hizo más que acentuar el síndrome post-vacacional.

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Comida típica canaria: queso, papas arrugás y mojo picón.

Llevaba mucho tiempo pensando en sacar partido al hecho de poder trabajar en cualquier parte, pero no me había llegado a decidir porque mis primeras opciones eran países tan exóticos (y lejanos) como Japón o India. Pero Canarias apareció de repente como la elección perfecta: buen clima, todavía España pero relativamente lejos de la Península, y un par de provincias con sus picos más altos para tachar de mi lista. El lugar perfecto para vivir durante un mes y probar si merecía la pena trasladar la rutina diaria a un lugar desconocido.

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Rocódromo El Muro, en La Laguna.

Mi elección final fue Santa Cruz de Tenerife, la capital de Tenerife. Busqué una habitación de alquiler en un piso compartido y, entre varias opciones (hay bastante oferta en la isla), me decanté por un couchsurfer que resultó ser todo un acierto. Quería estar en plena capital para poder disfrutar del bullicio de la ciudad, al mismo tiempo que ocupaba el día a día entre gimnasio y rocódromo.

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Vía ferrata Primera Luna, en Gran Canaria.

Santa Cruz no es una ciudad especialmente bonita y no tiene nada de exótico. Pero el ritmo lento de las islas te asalta allí de igual forma. El municipio de La Laguna, prácticamente absorbido por la ciudad y a escasos quince minutos en tranvía, es cuna de universitarios y por ende de vida nocturna, pero yo no iba buscando eso. Mis planes estaban más bien orientados hacia la naturaleza y la montaña, con el Teide y el Morrón de la Agujereada, cimas de las provincias de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas, respectivamente, como objetivos principales. Y todo lo demás sería bienvenido.

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De camino a Gran Canaria en ferry.

Y he de decir que un mes puede dar mucho de sí. Mariano, mi compañero de piso, me prestó una de sus dos bicis, con la que me movía por la ciudad. Encontré un gimnasio al que iba a diario caminando, compaginándolo con las visitas a un rocódromo en La Laguna de reciente apertura y estupenda gente, al que se me ocurrió subir el primer día (y último) en bici. Los rocódromos allí están más orientados al boulder, ya que no hay necesidad de cambiarlos por la roca porque casi siempre hace buen tiempo.

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La vía ferrata La Guagua, en Gran Canaria, es la más larga de España.

Pasé dos fines de semana en Tenerife y otros dos en Gran Canaria, a donde viajé en ferry (una experiencia muy excitante, por cierto). Subí al Teide y al Morrón de la Agujereada, hice una ruta en bici por el norte de Tenerife y varias vías ferratas y algo de escalada en Gran Canaria. Fui a la playa en pleno diciembre. Conocí a un montón de gente estupenda en las dos islas y, como guinda del pastel, encontré a alguien con quien compartí momentos inolvidables, dulces e inesperados.

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Calma después de la tormenta.

Y la pregunta final. ¿Mereció la pena? Desde luego que sí. Siempre aflora la tristeza cuando dejas atrás personas y momentos queridos, pero esa sensación desaparece y los buenos recuerdos permanecen para siempre. Si has de arrepentirte de algo, arrepiéntete de las cosas que hayas hecho, no de las que no llegaste a hacer.

Fecha de la salida: 13/11-15/12/2012

Notas

  • Es conveniente tramitar el permiso para subir al Teide con al menos un mes de antelación, ya que se agotan rápidamente. Se otorga un permiso en una franja de dos horas para un día determinado. Yo solicité el de 13-15 horas un poco a ciegas, pero resultó ser el más acertado, ya que tras barajar distintas posibilidades como subir desde el nivel del mar o hacer una ruta más larga para incluir el volcán cercano de Pico Viejo, finalmente decidí seguir la ruta normal desde Montaña Blanca, llegando allí en un bus que sube por la mañana sobre las 11 y regresa sobre las 16 horas. Todo muy justo e imposible con un permiso para cualquier otra franja.
  • Toda la isla está muy bien conectada por servicios de bus. Google Maps es la herramienta perfecta para consultar horarios y transbordos y es conveniente utilizar bonos de diez viajes, ya que el ahorro es considerable.
  • Para llegar al rocódromo El Muro en La Laguna cogía el tranvía y metía la bici dentro, ya que La Laguna está a mucha más altitud que Santa Cruz y las calles no tienen nada que envidiar a las de San Francisco. La vuelta la hacía en bici, bajando en escasos diez minutos prácticamente sin pedalear. El bono de autobús también vale para el tranvía.
  • La ascensión al Morrón de la Agujereada puede hacerse sin cuerda. Nosotros echamos una por precaución, pero con el cuidado adecuado se puede trepar por el lateral derecho y destrepar por el izquierdo sin mucha complicación.
  • Es increíble cómo puede variar el clima entre el norte y el sur de las islas. Si el día sale lluvioso y nublado en el norte, una excursión al sur garantiza un plan alternativo de sol, cielo azul y excelente temperatura.
  • Al ser un medio de transporte menos habitual, viajar en ferry entre islas resulta más excitante que hacerlo en avión.
  • El licor Jägermeister es bastante popular en la isla y se puede comprar en casi cualquier supermercado.

Galería de fotos (Ver en Flickr)

1 Comment

  1. molan las fotos , saben divertirse estos islenos y la isla tiene variedad , hay para todos los gustos

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